La Estructura de la Pre-psicosis y Pre-adictiva en la Clinica de la Drogadependencia

La Estructura de la Pre-psicosis y Pre-adictiva en la Clínica de la Drogadependencia
Emiliano Del Campo


"El pluralismo de los métodos terapéuticos es deseable, a condición de no ir jamás en contra de la dignidad personal de los drogadependientes. La noción de la libertad a adquirir, como fin en sí de la cura, debe estar presente en todo momento"
(Dr. Claude Olievenstein)



Partir de la clínica.-

A partir de la clínica, de la experiencia clínica en el "Programa Andrés", la de quien escribe, con colegas que comparten esta modalidad de investigación que toma su fuente en el psicoanálisis, se ha ido produciendo "el lugar de la pre-psicosis en la práctica actual". Permite detectar una psicosis en rasgos o síntomas incipientes, actuando en el campo de la prevención secundaria y evitar el desmoronamiento del desencadenamiento de una psicosis. Se trata, entonces, de un fundamento ético para todo aquel que trabaje en el campo de la Salud Mental.

Pero nuestra práctica actual en la drogadependencia es un campo interdisciplinario y transdiciplinario. Obligado a permanentes y profundos replanteos, tanto para el equipo terapéutico como a las modalidades Terapéuticas, el Comunitario, el Hospital de Día y el Ambulatorio. Obliga a enfrentar el enigma que interroga y cuestiona nuestro saber desde su singular patología, no solo la del drogadependiente, sino los pacientes duales o doble diagnóstico, los pacientes psicóticos drogadependientes, que obligan a profundos replanteos en la modalidad Terapéutica Comunitaria.

He partido de las conjeturas del Dr. Claude Olievenstein, corroboradas en mi práctica clínica de la drogadependencia, diferenciar "la estructura pre-adictiva", condición previa y necesaria que, en el encuentro con la droga, produce lo que llama el "drogadicto profundo". Su singular estructura, lo diferencia del "consumidor de drogas"(19)

La eficiencia social de un Programa de Recuperación de Drogadictos, el nivel patogénico, solo se logra al estar inserto en la eficacia de un Proyecto Preventivo. Me refiero a la propuesta del Dr. Miguel Angel Materazzi del "Programa Preventivo Permanente". (16) En él, tuve la ocasión de trabajar. Remito a los lectores a su texto, desarrolla las condiciones indispensables para un trabajo preventivo prepatogénico; la participación activa comunitaria.

La Comunidad Terapéutica, el Programa Andrés-

En este primer capítulo, intento trasmitir, los cambios que se han ido produciendo en la modalidad Terapéutica Comunitaria del Programa Andrés. El trabajo creciente de pacientes pre-psicóticos, los pacientes duales drogadictos, obligó en los últimos años, producir profundos cambios en la estructura de la modalidad Terapéutica Comunitaria, así como en el Equipo Terapéutico.

Mis conjeturas de esta compleja práctica en el "Programa Andrés", encontraron en forma creciente la validez del camino recorrido por el Dr. Jorge García Badaracco, sus hipótesis sobre "La Comunidad Terapéutica" "(6) Estas, me han permitido la aplicación de sus conjeturas, dar cuenta de la práctica Comunitaria con pacientes drogadictos y duales. Me sirvo de algunas citas, pero remito a los lectores a su libro.

"Podríamos visualizar la Comunidad Terapéutica como una forma de terapia por el "medio" en el cual la estructura social total de la institución está incluida en el proceso terapéutico. Estaría organizada y se desarrollaría para hacer utilizables como terapéuticas todas las relaciones y todas las actividades en la vida del paciente" (6 Pág.37) Coincido con el Gr. García Badaracco que, la discontinuidad del tratamiento psicoanalítico hace imposible el trabajo sobre la transferencia psicótica, la cura en la psicosis. Por lo contrario, la continuidad del trabajo terapéutico en una Comunidad Terapéutica, permite el despliegue de la transferencia psicótica, no solo entre sus integrantes y el equipo, sino lo que es esencial para el pronóstico y tratamiento, con el grupo familiar.

"Si una Comunidad Terapéutica aspira a ser un adecuado continente para el proceso terapéutico de un paciente, debe tener las condiciones para hacerse cargo de toda la "locura" del paciente en los distintos momentos de su enfermedad (6 Pág.64)

¿En qué radica el hacerse cargo de toda la locura de un paciente? Mi referencia es el tratamiento de Alberto, un caso grave de esquizofrenia, tratado hace veinte años atrás durante cinco años. Su patología no solo se estabiliza, él mismo demanda la continuidad de su cura, es en la medida que en su transferencia psicótica recibe una respuesta. Los personajes de sus delirios alucinatorios, respuestas de lo real, son puestos en el escenario de las sesiones. La escucha de lo real de sus delirios alucinatorios van produciendo una escena fantasmatizada, una escena simbólica-imaginaria, escena producida sobre la realidad de la escena analítica, la que Alberto va creando. Es una construcción, una ficción, una conjetura; que intenta responder a lo real, la supuesta escena traumática vivida por Alberto en la transferencia. Vuelve a él con otra significación. Es lo que hace la repetición de la transferencia psicótica, los diferentes momentos de desamparo de su vida encuentran una escucha Es lo contrario del modelo kleiniano, se emparenta con lo que sostiene el Dr. García Badaracco. Pero resultó insuficiente, fue imposible sostener el análisis individual. (4) Me sirvo de esta experiencia para ponerla en practica en la Comunidad Terapéutica.

"En el caso de un paciente neurótico es posible que la "pureza" del setting sea un factor conveniente ( ) En el caso de un paciente psicótico, en quien, como ya lo hemos señalado varias veces, se da necesariamente una tendencia a hacer trasferencias múltiples." (6 Pág.341) Las transferencias múltiples se despliegan dentro de la Comunidad Terapéutica, los pacientes entre sí con los grupos familiares y con el equipo terapéutico, irán encontrando el interlocutor válido de su vivencia enloquecedora. No solo disminuye la intensidad transferencial, hay una progresiva diversificación-diferenciación de una transferencia masiva, confusa e invasora. "Habrá que revivir la situación traumática en un contexto de seguridad psicológica-dada por la presencia de objetos externos e internos positivos "asistentes"-, para poder desarrollar los recursos necesarios para transformar la situación traumática en una vivencia elaborable y analizable(6 Pág.512) Cada integrante Comunitario es un "asistente" de las transferencias múltiples. El terapeuta, el equipo terapéutico, debe saber ocupar el lugar, según las diferentes escuchas comprometidas con el padecimiento psicótico, vinculando las transferencias múltiples.

Es fundamental, en la cura de la psicosis, la existencia de "una fuerte tendencia a hacer un uso "perverso" del vínculo con el terapeuta o con los distintos miembros del equipo, configurándose así las llamadas relaciones simbióticas patológicas o relaciones narcisistas patológicas en las que puede existir siempre un componente sadomasoquista" (6 Pág.247) Constituye una verdadera "folie a deux" (6 Pág.259) Son los riesgos que asevera mi experiencia clínica. Más aún, en tanto el paciente psicótico, ha establecido desde el comienzo de su psicosis, un vínculo patológico con una de las figuras parentales primitivas, vínculo no causal, pero si el sostén primordial de su patología, desconocerlo, precipita tanto los vínculos perversos, como la imposibilidad de la cura. Solo es posible develarlo en el contexto de las transferencias múltiples. Esta elección patológica emparentada, se diferencia del "objeto fantasmático elegido", del que nos ocuparemos posteriormente en este trabajo.

Todo lo antedicho, que coincide con lo que el Dr. García Badaracco, sostiene, no solo el rever la noción de la trasferencia psicótica, sino que hay un más allá de las clásicas patologías psiquiátricas, hay graves patologías que solo se ciñen a la imposibilidad de establecer lazos sociales, a la imposibilidad de integrarse al sistema Comunitario. Hacen un pronóstico más grave que, el de por sí, tenían las clásicas psicosis. La rehabilitación de pacientes esquizofrénicos, integrados comunitariamente, ratifica las presunciones del fundamento Comunitario del Programa Andrés, el primero desde hace 25 años en la Argentina.

El Marmottan de Olievenstein.-

Olievenstein, desde su experiencia en el Marmottan, es preciso en la función específica que debe ocupar el terapeuta en la complejidad de la cura del drogadicto. "Nosotros hemos dicho en otra parte que el imaginario del drogadicto es más real que lo real. Es necesario entonces, para tomar en cuenta este imaginario, alucinar a dos lo real para que la terapia devenga suficientemente operativa." (20 Pág.95) La función terapéutica, se debe apartar de los modelos clásicos, "el clínico debe aventurarse, de alguna manera, hacia una zona prohibida, entonces, por una vez, el debe franquear las fronteras, no como investigador sino con una mirada casi de iniciado (iniciático) para que el encuentro pueda producirse" (20 Pág.6)

Se trata de producir un "momento fecundo", el que se alterna entre el acto y la palabra, para develar cada vez un poco más el misterio de la íntima convicción del drogadicto en su manara de gozar, la que habita en su gran reserva de recuerdos que, cargada de gran afectividad, sostiene su identidad mutable. De este modo la mesura del deseo podrá ir sustituyendo a la desmesura del goce. Vamos produciendo otro sujeto de la demanda de curación sin dejar de ser un sujeto drogadicto. Es necesario partir que lo específico del drogadicto es " la combinación de la trampa y la autenticidad en la relación terapéutica" (20 Pág.03)

Es reconocerlo a él tal como es, para que se instale un efecto terapéutico, reconocerlo ante todo en su auténtica subjetividad, lo que va a permitir que acceda a formas más estables de relación, creer que siempre nos engaña, no solo es desconocerlo sino condenarlo moralmente a una figura degradada. "El rol del terapeuta es aquel que conduce poco a poco al deseo del paciente de construir una identidad diferente de aquella del drogadicto(...) sin esta alucinación a dos no hay lugar para la falta" (20 Pág.95) Solo franqueando las fronteras que reprimen el sin-sentido se puede actuar en la subjetividad del drogadicto, "como co-explorador del sentido, paso a paso, en los mismos caminos-para un verdadero trabajo de reajuste de la historia del sujeto, tal como ella es vivida por él, una realidad más tolerable devendrá en él. Lo que no será posible, repitámoslo, sin la parte de iniciación del clínico en los "hechos primeros" de la vida del drogadicto" (20 Pág.96) Entiendo que toda suerte de resistencias se ponen en marcha en la cura del drogadicto sino se parte de las transferencias múltiples.

Olievenstein se opone a todo encuadre terapéutico rígido y preestablecido "Todo el movimiento terapéutico está para inventarlo cada vez" (19.94) El itinerario terapéutico lo resume así: "aprehender, recubrir la desmesura drogadicta por una desmesura terapéutica que uno liquidará poco a poco. Esto quiere decir que el sujeto no debe de ninguna manera estar incluido en una dependencia incondicional, a la institución o a un terapeuta. Que la fase inevitable y necesaria de dependencia debe ser constantemente controlada por el imperativo de ser destruida. Imperativamente: es el término de la dimensión ética sin la cual la practica de esta actividad debería ser prohibida. Nosotros tenemos el deber de devolver al drogadicto su propia libertad" (20 Pág.236)

Olievenstein, el Yo Paranoico.-

Su agudeza clínica a puesto al descubierto, no solo los múltiples disfraces de la paranoia, por ello la complejidad de su diagnóstico, sino el pasaje que va desde la "sospecha" a la "sensibilidad paranoica", antes de llegar al paranoico, cuando el delirio ha pasado a la acción. El paranoico "avanza a una doble velocidad: orden y locura, orden loco, locura ordenada ( ) coherencia e incoherencia se dan la mano" (18 Pág.43) Su pensamiento vive en dos mundos, como víctima y como verdugo. Hay una temporalidad, de la sensibilidad paranoica en tránsito al paranoico delirante. No hay un delirio parásito, el delirio del paranoico, como él lo afirma, "avanza a doble velocidad, orden y locura" en los dichos y en los actos. Se trata de un sujeto que no se muestra megalómano, ni vulnerable en su autoestima; pero lo es. Busca todas las pruebas que afirmen su creencia delirante, soporte de su frágil identidad. Se sabe perseguido, por eso querella, hasta pasar al acto criminal paranoico. Es la complejidad del paranoico como la de un paciente dual- pre-psicótico, una estructura psicótica y adictiva.

Es así como comenzamos a diferenciar los más variados síntomas en los pacientes drogadependientes, aquellos confundidos con las neurosis, con las perversiones, otros ya más cercanos a las psicosis. Lo decisivo de los síntomas pre-psicóticos es que no son los propios de la drogadependencia, pero al presentarse conjuntamente conforman una singularidad, son los pacientes llamados de "doble diagnostico", los que obligan repensar, reformular la clínica de la drogadependencia.

Lacan, las pre-psicosis.-

La clínica psiquiátrica nos enseña a distinguir los diferentes síntomas psicóticos como manifestaciones de un cuadro clínico, son los síntomas negativos y positivos de la esquizofrenia, de los delirios paranoicos, de la melancolía, de la manía, o de los bipolares. Se trata de los síntomas del desencadenamiento psicótico en una estructura psicótica. Desde la enseñanza de Lacan es necesario establecer la diferencia y la articulación entre la estructura psicótica y el desencadenamiento psicótico.

La pre-psicosis es la estructura de la psicosis, lo específico de sus síntomas es lo que Clérambault nominó como "el síndrome de automatismo mental." "está centrado sobre la producción espontánea, involuntaria y, en cierta manera, "mecánica" de impresiones, ideas, recuerdos que se imponen a la conciencia del sujeto a pesar suyo; por así decirlo, fuera de él aunque en el centro de él mismo" (5 Pág.104) Tales "pensamientos" suelen pasar inadvertidos, se trata de fugaces alteraciones del pensamiento, dispersión del pensar o una rigidez en sus razones. Otros, con aparentes depresiones neuróticas, sin que se advierta la pérdida del sentido de vivir o el dolor de existir. En muchos de ellos habita, sin que se les indague, ideas suicidas prontas a pasar al acto. Podemos pasar por alto momentos o estados de megalomanía o de elasión durante el tratamiento. Se trata de una amplia gama de trastornos que pueden llegar a delirios alucinatorios, encubiertos por diferentes argumentos explicativos sostenidos en la realidad.

Pero el problema se hace más arduo cuando debemos diferenciar la pre-psicosis de los síntomas del "drogadicto profundo", que implica, la anterioridad de la estructura "pre-adictiva", luego desarrollaré las conjeturas de Olievestein. Estas permitieron un nuevo avance en la clínica de la drogadependencia. Este conocimiento no es privativo a nuestro campo, pertenece al campo de la Salud Mental.

Por razones expositivas se hace necesario ocuparse en forma separada de estas estructuras, la pre-psicosis y la pre-adictiva, las que implican conjeturas teóricas diferentes. Permiten orientar, diferenciar las complejas manifestaciones que se dan en la clínica. Hacen posible un diagnóstico diferencial y con ello una mejor conducción de las terapias en el campo de la drogadependencia.

Una nueva significación personal.-

Encontramos en el desarrollo de su discurso síntomas que podían ser tan simples o variados como sensaciones, sentimientos, estados de ánimo, pensamientos reiterativos, obsesiones, una idea iluminada, pensamientos vividos con un cierto grado de extrañeza, etc. La cualidad diferencial es que en todos estos síntomas portan un rasgo en común: una nueva significación personal que solo remitía a sí misma; es la marca diferencial en el discurso. El sujeto no puede dar cuenta de ella; ante la pregunta, reitera sus argumentos, su sin-sentido. Repite un significado oscuro, lo enigmático de una significación personal.

El mismo modo cuando se trata del extrañamiento del yo, de lo ya visto, lo ya vivido, lo nunca vivido, o la anticipación del pensamiento, enunciación de los actos, impulsiones verbales, actos impulsivos, la paralización de la acción con estados de pánico. La transformación del mundo en los más diversos sentidos, ya preanuncia una pre-psicosis transformándose en un desencadenamiento psicótico.

Lo esencial: no hay relación de oposición entre la estructura de la psicosis y la pre-psicosis. Es necesario destacar como, para un terapeuta desprevenido, la pre-psicosis puede aparecer como síntomas neuróticos, son muchos los que han caído en esta trampa, luego sorprendidos ante un estallido psicótico.

Lacan sostiene un aserto: "Nada se asemeja tanto a una sintomatología neurótica como una sintomatología pre-psicótica."(8 Pág.273) Aseveración que guía mi clínica, vinculada con lo que funciona como un axioma: "Lo comprensible es un término fugitivo, inasible, es sorprendente que nunca sea calibrado como lección primordial, una formulación a la entrada de la clínica. Comiencen por creer que no comprenden. Partan de la idea del malentendido fundamental."(8 Pág.35) Solo es posible establecer la diferencia entre la neurosis y la pre-psicosis partiendo del malentendido fundamental del lenguaje; no en la creencia en la comprensión. Sin olvidar que "la verdad delirante ahuyenta las tinieblas, disipa el miedo y da una finalidad de movilidad a la vida" (18 Pág.76) Con toda razón, sostiene Olieventein, los disfraces de la paranoia como defensa ante la desintegración psicótica, ha transpuesto los límites de la pre-psicosis.

Es necesario encontrar el fundamento teórico clínico de la pre-psicosis, para ello partimos de una relectura de Lacan, fue quien acuñó el término de pre-psicosis. Otros autores, al tiempo que critican lo impreciso del término "boderline" o "fronterizos", las nuevas patologías que están entre la neurosis y la psicosis, sin ser ni la una ni la otra, no hay estructura en su fundamento; no se ocuparon de la pre-psicosis, el aporte de Lacan que mejor las refuta.

El lenguaje y la psicosis.-

El recorrido de Lacan contraría la postura clásica, asevera que en la alucinación verbal está la causa de la paranoia. Con ello ha dejado abierto el problema del límite de las pseudo-alucinaciones en las pre-psicosis, no solo con las psicosis alucinatorias, sino con el sujeto humano que, capturado por el lenguaje, es siervo del lenguaje. "El lenguaje juega enteramente en la ambigüedad, y la mayor parte del tiempo, ustedes no saben lo que dicen."(8 Pág.168) Si la palabra lo atraviesa, lo marca, lo tortura, ¿dónde comienza la conjunción y la disyunción entre las formas patológicas y las normales respecto a la palabra?. Interrogante que se desprende al enfatizar que, en la palabra humana, el emisor es al mismo tiempo un receptor de su palabra. Si uno oye al mismo tiempo sus propias palabras, puede alucinar voces, experimentar la palabra impuesta. Si la voz es la pulsión invocante, un objeto que apela, que llama a una persona, ¿cuándo se produce el momento límite de la entrada en la estructura psicótica, la pre-psicosis? ¿Cuándo la pre-psicosis se transforma en un desencadenamiento psicótico? Desde este fundamento estructural de todo sujeto, ¿qué es, cuándo es y cómo es el comienzo de una pre-psicosis en un cualquiera?..

Lacan sostiene que: "Algo se vuelve a encontrar en lo que se llama la pre-psicosis, a saber la sensación que tiene el sujeto de haber llegado al borde del agujero, tomado al pié de la letra"(8 Pág.289)

Solo se accede a la cura en las psicosis al ir más allá del borde, es al llegar al agujero, lo real de la vivencia del vacío. El vacío es la verdad del sufrimiento en las psicosis, la situación traumática inasible, los síntomas psicóticos son el último baluarte, al "haber llegado al borde del agujero". El vacío es lo nodular de la transferencia psicótica.

El Yo paranoico.-

Volvemos al problema de la paranoia con sus múltiples vestimentas, la "sensibilidad paranoica" está en el nódulo de la pre-psicosis, es la estructura pre-psicótica, en el "borde" de la paranoia. Olievenstein en su libro: "El Yo Paranoico"(18) nos presenta, con la riqueza de su lenguaje, la complejidad clínica de las mutaciones, las que van de sospecha a la sensibilidad paranoica y al delirio paranoico.

Es lo que corroboro en nuestros casos, los múltiples escondites de un delirio. Desde la sensibilidad paranoica al delirio paranoico, están en el borde del agujero, el agujero de la disolución o estupor psicótico. ¿No es acaso la forma en que muchos abandonan el tratamiento, querellando contra la Institución? Han llegado al borde del agujero, no al agujero, el estupor melancólico o la disolución psicótica. Olievenstein considera que la paranoia es paradójica, es una ruptura con la realidad, al mismo tiempo una protección contra esa misma ruptura.

Olievenstein supone el caso de un adicto a las anfetaminas (o la cocaína), la ingesta del producto lleva durante el periodo máximo de "subida", a la exaltación y la excitación, pero en la "bajada" el universo se vuelve hostil, vive un estado paranoico, "para desembocar en un estado melancólico en que la paranoia desaparece y deja al individuo tan desnudo y miserable que, pese al sufrimiento y el alto precio que exige, la psicosis paranoica, algo casi imposible de soportar, es preferible a la lucidez" (18 Pág. 41) La persecución del paranoico como en el drogadicto, los protege de la lucidez de la miserable desnudez del sufrimiento melancólico, el desvalimiento humano, la Hilflosigkeit freudiana.

La protección paranoica en el consumo de la droga y en el fenómeno de abstinencia, es la señal que recuerda que, está ante el riesgo de la miseria del sufrimiento, un nombre del horror al vacío inasible, la Hilflosigkeit freudiana. La droga no produce la paranoia, pero el paranoico, sostiene Olievenstein, al hacer uso de ella, da lugar a intuiciones delirantes geniales, un desprecio por la ley y el triunfo de la transgresión.

El paranoico pasa del orden a la locura, esconde la incoherencia de su delirio tras la coherencia, por eso se lo puede llegar a diagnosticar solo como un drogadicto. Sumarle a la paranoia la droga, hace la crueldad de los actos delictivos paranoicos. Lo expuesto sirve para destacar la importancia clínica y legal de la estructura psicótica, y la adictiva. Los actos posibles al llegar al borde del vacío.

Antecedentes de la pre-psicosis.-

El término pre-psicosis lo fundamenta Lacan a partir del Seminario III. Sus antecedentes están en la Tesis del 32, allí afirma que para introducirse en el campo de las psicosis es necesario partir de la noción de los fenómenos elementales. Retoma la posición de Jaspers, con él ha caído el paradigma kraepeliniano, la paranoia ya no es el desarrollo racional, paulatino y comprensible de la personalidad, en ésta, como en las psicosis, hay un corte en la vida de ese sujeto que comienza a partir de las "vivencias originales primarias". Para Jaspers aparecen sin motivo alguno, irrumpen en la vida psíquica, todas tiene el rasgo de una nueva significación.

A partir de este nuevo paradigma se establece una crucial diferencia con las neurosis, no hay prehistoria en la psicosis; esto hace al fundamento de la pre-psicosis. Se trata de una experiencia que no se inscribe en lo simbólico. Es una experiencia fuera de la temporalidad cronológica. Es lo que Lacan conjetura como la temporalidad lógica. El tiempo del instante creador, productor, se vive en las paradojas del presente-pasado-futuro, el delirio se produce en la instantaneidad de un acto sin historia. (5)

Lacan, en la Tesis del 32, prioriza la tradición psiquiátrica alemana del siglo XIX. Neisser, en 1982, nomina el síntoma primitivo de la paranoia como la significación personal. Hace referencia a otros autores que están en la misma postura. Es la "vivencia paranoica", la Erlebnis de Jaspers, afín a la tradición de la significación personal, que se caracteriza por haber introducido en la personalidad un elemento nuevo y heterogéneo. Lacan adopta este término y designa el fenómeno elemental como significación personal.

En los comienzos del Seminario III, establece su diferencia con Clérambault, los fenómenos elementales no son previos, son equivalentes al delirio. Es en la estructura psicótica que son términos afines: la pre-psicosis, los fenómenos elementales, la significación personal y el desencadenamiento psicótico. Los fenómenos de la estructura psicótica, son el retorno desde lo real, es la ruptura lacaniana con la tradición psiquiátrica y post-freudiana.

Lacan parte de Jaspers, sostiene que las "vivencias" se manifiestan como "acontecimientos que se presentan en la vida de los enfermos y atraen su atención, despiertan en ellos sentimientos desagradables apenas comprensibles. Esto los preocupa mucho y los fastidia. Hay veces que todo les parece tan fuerte, que en las conversaciones resuenan con demasiada vehemencia en sus oídos; hay veces que cualquier ruido, cualquier suceso común y corriente basta para irritarlos. Tiene la impresión que son ellos el blanco al que se dirigen las cosas (....) Los enfermos tienen, además, gran número de sentimientos, que uno trata de expresar con términos como espera indefinida, inquietud, desconfianza, tensión, sentimientos de peligro amenazante, estado temeroso, presentimientos, etc. (....) A pesar de todos estos trastornos no se llega, sin embargo, a un verdadero estado de psicosis aguda."(10 Pág.127) Es la pre-psicosis, aunque no la llame por este nombre, ya la diferencia respecto a una psicosis constituida. Es la "sensibilidad paranoica" de Olievenstein.

Dijimos que Lacan hace explícito su desacuerdo con Clérambault en el Seminario III, ya que para este, el síndrome del automatismo mental, actúa como la anterioridad de un fenómeno nuclear en las alucinaciones, la persecución es secundaria en el alucinado. Clérambault sostiene que la paranoia se rige por el postulado fundamental, con lo cual devuelve la racionalidad a la paranoia.. Lacan se opone al distingo de Clérambault entre la anterioridad nuclear del automatismo y el delirio, lo que introduciría una contradicción en la noción lacaniana de la causa vacía en la estructura psicótica.

El Seminario III de Lacan, Schreber.--

En el Seminario III, Lacan introduce un profundo cambio: el fundamento de las psicosis es la estructura de lo simbólico lo imaginario y lo real. La estructura hace posible pensar la clínica. Es el momento en la obra de Lacan que cobra sentido la pre-psicosis. A propósito del interrogante lacaniano respecto a Schreber vale esta cita: "Tomemos el período prepsicótico. Nuestro presidente vive algo cuya índole es la perplejidad. Nos da, en estado viviente esa pregunta que yo les decía estar en el fondo de toda forma neurótica. Es presa, nos lo dice retroactivamente, de extraños presentimientos, es invadido por esa imagen (....) que debe ser muy agradable ser una mujer sufriendo el acoplamiento. Es un período de confusión pánica. ¿Cómo situar el límite entre el momento de confusión, y el momento en que su delirio terminó construyendo que él era una mujer (....) la prometida de Dios? ¿Basta eso para ubicar la entrada en la psicosis?.De ningún modo."(8 Pág.274) La entrada en la psicosis no es la fantasía delirante, es precoz, inasible, un tiempo indeterminado, antes de estabilizarse como delirio sistematizado. Lacan se refiere a un caso relatado por Katan, estaba en análisis con él y logró percatarse cuando el caso viraba a la psicosis. Esta es nuestra experiencia, el tiempo que precede al desencadenamiento, parece una grave neurosis.

Lacan no ignora la clínica psiquiátrica, él viene de allí, de la sistematización semiológica de las psicosis, pero quiere ir más allá. Sus conjeturas giran para ubicar el momento de la entrada en la psicosis, es la pre-psicosis. Lacan sostiene que allí, la significación delirante se ha producido. Adviene de un período previo a toda simbolización, un momento lógico y no cronológico. "¿Qué es el comienzo de una psicosis? ¿Acaso una psicosis tiene prehistoria, como una neurosis? No digo que responderemos a esta pregunta, pero al menos lo haremos. Todo parece indicar que la psicosis no tiene prehistoria." (8 Pág.126) Lacan asevera su innovación en el inicio de las psicosis, la temporalidad lógica de la psicosis. "Fui yo quien introduje la noción de momento fecundo. Siempre sensible al inicio de la paranoia."(8 Pág.31)

Lacan refiere que: "El presidente Schreber relata con toda claridad las primeras fases de su psicosis. Y nos da la atestación de que entre el primer brote psicótico, fase no llamada sin fundamento pre-psicótica, y el apogeo de la estabilización en que escribió sus obras, tuvo un fantasma que se expresa con estas palabras que sería algo hermoso ser una mujer sufriendo el acoplamiento." (8 Pág.92) ¿Un fantasma tanto neurótico como pre-psicótico? ¿El fantasma es un fenómeno elemental?. El equívoco teórico hace a los enigmas de la clínica, obliga la forma de conducir la clínica.

La clínica debe fundamentarse en las experiencias más variadas que se constituyen tras la fachada neurótica, se trata de descubrir que los acontecimientos vividos no tienen significación fálica, tienen una significación personal delirante, estos fenómenos hay que saber buscarlos. Se deben descubrir. No se trata de los síntomas neuróticos, ni mucho menos un delirio constituido. "Los fenómenos elementales en este Historial se nos escapa, es algo que podemos suponer más primitivo, anterior, originario: la vivencia, la famosa vivencia, inefable e incomunicable de la psicosis en su período primario y fecundo, no hay ningún medio de captar algo que falta."(8 Pág.170) Esta cita da a entender que lo propio de la pre-psicosis, sea como delirio o como fachada de un fantasma neurótico, es en tanto encierra la vivencia inefable, lo propio de la estructura psicótica, el agujero y del borde de la estructura. En Freud "el sepultamiento del mundo y el intento de reconstrucción".

La significación del falo.-

En los últimos Capítulos del Seminario, Lacan enfatiza la falta de la primacía del falo como "esa falta", es esa falta, la falta de la significación del falo la que produce la vivencia inefable, incomunicable, la que está en lo inasible del enunciado del síntoma pre-psicótico. La práctica clínica apartada de la significación sexual del falo, de la castración, del incesto, como respuesta simbólico-imaginaria a lo real-imposible del sexo, se torna en una especulación filosófica. Es lo que vincula en mi experiencia, el caso R con el caso Schreber: "No hay ningún medio de captar, en el momento que falta, algo que falta. En el caso del Presidente Schreber sería la ausencia del significante masculino primordial (....) durante años parecía sostener su papel de hombre (...)La virilidad también significa algo para él, porque también es objeto de vivas protestas en el momento de la irrupción del delirio, que de entrada se presenta como una pregunta sobre el sexo, un llamado le viene desde fuera como un fantasma: qué bello sería ser una mujer sufriendo el acoplamiento. El desarrollo del delirio expresa que no hay para él ningún otro modo de realizarse, de afirmarse como sexual, sino admitiéndose como mujer, transformándose en mujer"(8 Pág.361) Es la falta la que se devela al indagar la pre-psicosis, a veces escondida en una querella.

El fantasma pre-psicótico.-

Lacan establece un distingo entre el fantasma neurótico, el que siempre lleva la impronta fálica, y el fantasma de apariencia neurótica que carece de significación fálica. Este fantasma, la más parecido a una neurosis, es un nombre de la pre-psicosis. Son las fantasías masturbatorias, fantasmas que están presentes como síntomas pre-psicótico. Es necesario indagar en las fantasías masturbatorias, los más variados contenidos perversos. Es la perversión psicótica, es el caso del paciente R. En el momento intemporal de la entrada en la psicosis, la función del falo, la castración, está forcluida. De lo antedicho debemos concluir que las paradojas lacaniana en relación con la pre-psicosis tratan de sostener la ambigüedad de la "falta" en la pre-psicosis, es al mismo tiempo una falta inasible, y la "fantasmática falta" de significación fálica.

Hay una correlación entre distintos términos, como respuestas de lo real: el momento fecundo, la significación personal, el fenómeno elemental y la pre-psicosis. El llamado fantasma schrereberiano implica una contradicción, ya que lo propio de las neurosis es ser portadora de la significación fálica. ¿Cómo detectar el falso anudamiento fantasmático de las pre-psicosis con la estructura fantasmática fálica de las neurosis? Justamente esta contradicción teórica asevera el problema en la clínica, la del diagnóstico diferencial de las pre-psicosis con las neurosis y las perversiones. ¿Cuántos pacientes pasaron años en los divanes como neuróticos y luego la sorpresa de una psicosis? La revisión del caso permitió corroborar que el analista ignoró los indicios pre-psicótico.

Del síntoma al sinthome.-

Para Lacan, en una primera etapa, la formación del síntoma psicótico estabiliza, permite una cierta fijación del goce en ausencia del falo, con lo cual actúa como una barrera, una defensa ante la desorganización y el estupor psicótico. El síntoma estabiliza pero es inanalizable como respuesta de lo real del goce (incestuoso), lo real del goce es lo imposible de proyectar en la transferencia, todo lo contrario de un fantasma incestuoso neurótico o perverso. Es la diferencia con la escuela kleiniana, no hay operación de cura por la transferencia psicótica mediante la identificación proyectiva.

En Lacan hay un nuevo giro, es lo que desarrolla en los años 70, del síntoma que estabiliza va a pasa al síntoma como suplencia. Lo nomina sinthome. Es un desarrollo engorroso, tomo de él lo novedoso a mi servicio, cualquier síntoma al tener una significación personal, puede ocupar el lugar de lo expulsado: la significación fálica. Con ello los diagnósticos diferenciales se hacen mucho más complejos, ya que es mayor el grado de apariencia de neurosis. Si bien la complejidad de la pre-psicosis se amplía, al mismo tiempo ha permitido fundamentar la posibilidad del procedimiento de integración en la Comunidad Terapéutica en la pre-psicosis.

La Comunidad Terapéutica, que actúa en la creación de nuevos lazos sociales en el trabajo de inserción comunitaria, va creando un nuevo sentido de suplencia con el síntoma pre-psicótico, al tiempo que va suprimiendo la dependencia a la droga. De este modo va sostener una demanda diferente de curación.

Es lo que va a permitir que sea causa de nuevas respuestas de lazos comunitarios, no de una nueva significación. Se trata de trastocar un síntoma pre-psicótico y producir desde allí síntomas de identificación grupal, con ello una nueva demanda de curación, la demanda de pertenencia Comunitaria, serán los nuevos lazos sociales en una pre-psicosis. Lazos que nos introduce en la clínica de las suplencias. De esto nos ocuparemos con el caso del residente Ricardo.

Es lo que se ha repetido en distintas formas de nuestra experiencia, no se trabaja en función de la curación de la psicosis, no se puede producir lo que falta estructuralmente, se trata de la posibilidad de ir creando, en la experiencia Comunitaria, nuevo síntoma de suplencia.

El caso del paciente Ricardo.-

Es lo que aconteció con el paciente Ricardo de 29 años. En las entrevistas de admisión se arribó al diagnóstico de una pre-psicosis. Esta se fue advirtiendo en la aparente coherencia de su discurso, que marcado por un ritmo hipomaníaco, fueron emergiendo fenómenos elementales. Habla y mira a su alrededor como si sintiera observado, en realidad mira, según lo dice, para saber qué queremos de él. Este sesgo paranoico es lo que le permitirá, durante largo tiempo, una adecuada pero aparente inserción comunitaria. Ricardo se encarga con esmero de realizar todas las tareas mientras "mira" y "escucha" lo que le dicen, lo que le asignan. Ha puesto en escena la adaptación pre-psicótica, un comportamiento que se ajusta a lo que él supone lo que es Ideal, lo que todos esperan de él, hace la adaptación pre-psicótica, de allí su enorme eficiencia, con ello el engaño de confundirlo con lazos sociales.

En una de las entrevistas, está inquieto, comienza diciendo: "no sé quién soy yo. , por eso adopto posturas al estar con la gente, trato de suponer lo que los otros quieren de mi para tener una personalidad. Me fijo en todo mi entorno, estoy atento para moverme de acuerdo a lo que los otros quieren. Pero mi verdadera forma de ser es cuando estoy solo, es como que....". Hay una detención, una falla en la significación como sujeto; "no sé quién soy yo", se repite el dicho inicial. Es oportuno recordar: "Puede suceder que algo primordial en lo tocante al ser del sujeto no entre en la simbolización, y sea, no reprimido, sino rechazado () En un momento cumbre de su existencia, no en un momento deficitario, esto se manifiesta bajo la forma de irrupción e lo real de algo que jamás conoció, de un surgimiento totalmente extraño."(8 Pág.125) Lo que ocurrió en Ricardo en el desencadenamiento de la psicosis.

Ricardo suple su identidad como sujeto en la identidad especular narcisista regida por un Ideal del Yo. Busca, demanda, que deben ser otros a los que él deba responder con tareas que él debe realizar, se adapta a un Ideal, no se identifica como sujeto respondiendo en su nombre a la Comunidad, como la alteridad de un valor simbólico, no subjetiviza la alteridad de los lazos sociales con sus semejantes. No puede responder por lo que él es, sino algo impuesto, es lo que precipitará en un delirio persecutorio.

En la continuidad de sus dichos nos lleva al problema clave: "¿No se porqué no puedo decirle a mi papá de mi problema de la fimosis?, no logro explicarme de qué se trata". De este dicho inferimos la función fallida del Padre, no lo marca con la castración, la función del falo está forcluida: ¿De qué "no logro explicarme qué se trata?". Del falo, solo sabe que su fimosis es la de un órgano, del pene; no del falo. En su lugar ha quedado el síntoma pre-psicótico, el pene es la fimosis. Es sobre lo que siempre cavilaba, ¿cómo serian las relaciones sexuales?. Llamó la atención sus variados comportamientos bizarros, uno de ellos fue su forma del consumo de cocaína, solo lo hacía en su casa paterna, encerrado en su cuarto, nunca lo hacía en su trabajo como viajante. Lo que se intenta producir es un nuevo y singular anudamiento del síntoma, lo que va del "pene fimosis" al "sinthome pene fimosis". Anudar al cuerpo propio un pene sexualizado, así como nuevos lazos sociales al cuerpo comunitario.

Es lo que fue haciendo posible el intento de ir produciendo los primeros síntomas de suplencia, en el caso Ricardo. Del síntoma fimosis, ir generando las manifestaciones preliminares del sínthome-pene fimosis en el transcurso de su inserción Comunitaria, en los distintos momentos terapéuticos grupales e individuales. El grupo, al identificase a su síntoma, la fimosis de Ricardo, cada uno, de este síntoma lo hace propio, y a su vez el grupo al identificarse al síntoma, hace los distintos lazos entre ellos, sin saberlo la angustia de castración los convoca.

Pasado un corto tiempo internado en el Programa, comienza la demanda de consultar un urólogo y operarse. La negativa le motiva a ir integrándose a la comunidad, debe tratar su fimosis en los grupos y en entrevistas individuales. Esto lo va conduciendo a una "doble operación". La primera es comenzar a establecer algo desconocido para él, comenzar a escuchar y a comunicarse con sus pares respecto a su problema de la fimosis. Los lazos sociales comunitarios comienzan a esbozarse, sin diferenciarse del cumplimiento de las tareas asignadas, las que realiza, como lo dice en las entrevistas, para cumplir con lo que los demás quieren de él. La otra "operación" es la posibilidad de ir pasando de su síntoma, el vacío de la fimosis-pene, a identificar, a ligar a su propio cuerpo su pene, ahora como un nuevo síntoma sexual. Es la respuesta a su repetida pregunta, "¿cómo sería sexualmente con su pene operado?" Es imposible que se produzca la ficción de la significación del falo, pero sí con una simulación o una apariencia fálica, la progresiva sexualidad de su pene dirigido a una mujer. Una suplencia.

Comienza a develar múltiples fantasías y actos sexuales de carácter perverso, los que testimonian su contenido delirante. "Ahora me doy cuenta que, cuando me negaron operarme, empecé a meter la mano en el tacho de mi sexualidad, eran todas porquerías, ahora tengo una idea de lo que no es una sexualidad normal". Pero Ricardo ignora que es tener un falo. Este pasaje terapéutico no es sin consecuencias, se producen dos episodios delirantes.

Llega en una ocasión a la consulta excitado diciendo: "¡Qué es el pánico, pánico! Tengo miedo de volverme loco, pienso sin parar todo el día, no puedo detener mis pensamientos ¿Qué me pasa? Antes no paraba de moverme, ahora se me fue todo a la cabeza, ¡y esto crece y crece!" Hubiera sido impropio interpretarle como si se tratara de la significación fálica de su síntoma delirante. Se lo medica con Risperidona 3mg por día. Días después dice "Se me ha frenado las ganas de volar de mi cabeza, ya no tengo la invasión de pensamientos. Me doy cuenta que puedo escuchar a los demás y en los grupos, hablo pensando. Fantaseo que estoy operado" Ahora parece oportuno decirle: "Con la cabeza de tu pene afuera, ¿cómo podes ser?" Se queda en silencio pensando, "No sé, pero me masturbo pensando ahora cosas normales con mujeres"

Pasado varios días, y ante el firme planteo de operarse, se lo autoriza, Ricardo se desconcierta, dice: "Lo voy a pensar". Pocos días después, no se hizo esperar, aparece un nuevo brote psicótico conjuntamente con su decisión de operarse. Hay una discreta disgregación del pensamiento marcada por un tono hipomaníaco, no faltan los delirios persecutorios. Se lo medica con Olanzapina 10mgr diarios

En las nuevas entrevistas con Ricardo, es digno de destacar, no solo un nuevo modo de reflexionar, sino que su actitud es distinta, su expresión, los gestos. Dice que su pensamiento ahora tiene pausa, esto le permite una visión retrospectiva de lo vivido en la Comunidad y lo que le ocurre en torno a su pene: "ya no fantaseo más en las cosas locas de antes, quiero operarme y esperar que me ocurrirá en la relación con una mujer, algo desconocido para mí."

La operación se llevó a cabo, debe realizarse en dos tiempos, luego de la primera intervención Ricardo dice: "yo creía que si decía mis preocupaciones Ud. pensaría que estoy mal, pero es lo contrario, son preocupaciones razonables, lo más importante es que ¡ahora va a quedar la cabeza afuera!, con esto se me transforma el cuerpo, yo voy a estar pegado a un pene, quizá, luego ocurra lo contrario". Ricardo queda sombrado cuando se relaciona su dicho actual: ¡Qué va a pasar con mi cabeza! Con su terror cuando decía: "¡Todo pasa por mi cabeza, crece y crece, no la puedo parar!.

Luego de la segunda operación se realizan entrevistas periódicas, Ricardo reitera su estado de expectación, aparenta estar sin sobresaltos respecto a su vida sexual futura. Reitera en las entrevistas su pensamiento sobre cómo encara su vida sexual pensando en elegir primero una prostituta. Es sospechosa su tranquilidad, en los grupos mantiene su reserva. Luego pide postergar las entrevistas, estas lo angustian. Repentinamente decide abandonar el tratamiento, su estado delirante persecutorio es irreductible. La suplencia fue irrealizable, el desencadenamiento de la psicosis hace a lo real del vacío del falo en la estructura de psicosis, lo que la pre-psicosis ocultaba.



DEL PRE-ADICTO AL DROGADICTO.-

Clínica de la drogadependencia.-

Para Olievenstein, la clínica de la drogadependencia es una doctrina nueva que exige pensar otra dimensión témporo-espacial. "Ella obliga a aplicar un método científico a los eventos que sobreviene en tiempos inciertos. Si hay determinismo, no es más que relativo" (20 Pág.10) Mi experiencia clínica, en las modalidades terapéuticas del "Programa Andrés", concuerda con sus conjeturas. Hago una relectura de sus novedosos aportes. Esta clínica, sostiene Olievenstein, es impensable sin el psicoanálisis, la neuropsicología, la neuroquímica, y los aportes de otras disciplinas sobre los sistemas autorreguladores y los equilibrios inestables, "En particular a los aportes de M. Serres en su libro " (20 Pág.8)

Es imposible pensar y actuar en la clínica del drogadicto fuera de la singular temporalidad donde despliega su vida, temporalidad no solo diferente de la del sujeto corriente sino de las patologías corrientes. Es la singular instantaneidad del tiempo vivido, lo propio del sujeto pre-adicto que, en el encuentro con la droga, ha de surgir el drogadicto. En ambos está la diferencia cualitativa y cuantitativa del tiempo vivido respecto del individuo corriente. "Nosotros debemos hablar de cinética, de instantaneidad, de desmesura, de desproporción (....) con una necesidad absoluta de transgresión que se sabe deberá pagarla con una angustia de culpabilidad aún más grande (...) no hay sucesión legítima entre pasado y presente. No puede organizar su tiempo en secuencias orientadas al futuro " (20 Pág.156/57)

De aquí surge la modalidad terapéutica propia al drogadicto, un discurso que debe fundarse, comenzando por el Institucional, "debe ser un modelo de práctica y no una relación dominante-dominado ( ) lo contrario de una discurso o de un método moralizante y culpabilizante" (20 Pág.227) El tiempo terapéutico Olievenstein lo designa: "El sufrimiento del sujeto desintoxicado", "es de la falta de la dependencia por la cual sufre el sujeto desintoxicado"(20 Pág.256) Si la terapia exige un largo tiempo con logros y recaídas, va permitiendo al drogadicto a convivir, abandonar, la desmesura del sufrimiento que le proporcionaba la droga para pasara otro sufrimiento, el sufrimiento en la abstinencia, donde se va develando, se desnuda lo que la droga le proporcionaba: "la pasión tan brutalmente buscada que no es más que aquélla de la miseria del sujeto" (20 pag.280)

Es necesario, poner en relieve, lo que será el hilo conductor de las conjeturas de este trabajo, que, "la falta de la dependencia por la cual sufre el sujeto desintoxicado", es la pérdida "del objeto elegido fantasmatizado." (17) Concepto del fantasma que tomo de Nasio, concepto que luego desarrollaré. Es impensable la clínica de la drogadependencia sin el hallazgo del objeto fantasmático del cual depende, soporte de su adicción. Es el pasaje del sufrimiento al dolor del duelo. El sufrimiento-pasión, la miseria del sujeto, la posición del goce masoquista, se sostiene en el secreto "del objeto elegido fantasmatizado"(17) El duelo de este objeto fundamenta el sistema terapéutico.

La estructura terapéutica.-

El goce en la miseria, lo encontrará en el sistema Jurídico y en las Instituciones Punitivas, es la denuncia de Olievenstein. (21) La legalidad perversa de un sistema terapéutico, sea Psiquiátrico o Comunitario, parten del supuesto de la realidad natural del ser humano, de "la personalidad total" de un sujeto unitario. El hombre, así supuesto, queda atado a la compresión de una causa que lo antecede, sea psicogenética, divina o religiosa. El jurídico, al imaginario de la ley, como derecho natural. (15) El cientificismo no soporta el razonamiento fuera de la identidad, ni el lugar perdido de la causa. Si la causa está perdida, solo hay relación entre acontecimientos en una estructura.

Freud construyó el Mito Totémico, la ficción del crimen primordial, como la causa perdida del origen del Padre, de allí Dios, la Sociedad, la Ley. No es casual que en esos años, Hans Kelsen en Viena, concibe su "Teoría Pura del Derecho", se inspira en Freud. (7 Pág.71) F. De Saussure, el "Lenguaje", una estructura con legalidad interna. De distintas vertientes surge el concepto de sujeto, sujeto del Derecho, el sujeto del Lenguaje y el sujeto del Psicoanálisis. El sujeto no suturado a ningún objeto real, no tiene existencia empírica, tiene existencia de ficción, es producto de una estructura. Cae el empirismo ingenuo de la relación sujeto objeto, "la personalidad", un sujeto sujetado a un discurso político, religioso o psicológico. Si el sujeto es producto de una estructura, no tiene existencia real o natural, el sujeto es el efecto de un acto, no es causa de... Cuando se invoca una causa esta se desliza a un Supremo Hacedor.

Me sirvo del trabajo de Hector J. López, su lectura de H. Kelsen. "Ese lugar que Kelsen deja vacío, el del sujeto, desalojando de allí al "hombre", es la falta que permite una intersección posible entre el psicoanálisis y el derecho " (15 Pág.107) Desde Freud hay un "Más allá del sujeto jurídico ( ) Para la teoría pura del derecho de Kelsen hay culpa pero no culpable. Significa una exclusión del sujeto" (15 Pág.120) Desde Freud, toda ley, es efecto de una Ley Primordial Inconsciente. El Mito Totémico, funda la cientificidad del psicoanálisis. La Ley Primordial inconsciente se articula a la culpa inconsciente. Con Freud, el sujeto es responsable de su acto, aunque no lo sepa. "Freud ha desplazado hacia el sentimiento de culpa, el acento que antes estaba en el hecho delictivo." (15 Pág.121) Hay una relación estructural, no causal del inconsciente. La culpa tiene una anterioridad lógica.

Desde estas vertientes estructurales podemos pensar una Comunidad Terapéutica de recuperación de drogadependientes. La Comunidad se va construyendo, va creando su realidad, en la ficción, que es la producción de legalidad de un conjunto de normas que rigen a sus integrantes, terapeutas y pacientes. Legalidad que permitirá ir produciendo en su interior el sujeto responsable de sus actos. Solo, en la alteridad del semejante, se fundan los lazos sociales.

Del sufrimiento al dolor.-

En la medida que se va instaurando la cura, la preeminencia de la desmesura del goce-sufrimiento masoquista, irá dejará su lugar a mesura, la función del deseo, el deseo como insatisfecho exige una pausa, la mesura de un dolor. Si el dolor debe estar en el lugar del sufrimiento, es por la mutación del fantasma. El fantasma sostiene el dolor del duelo. Este lugar del fantasma, como bien lo enfatiza Nasio: "El fantasma es protector porque nos preserva del peligro que significa una turbulencia desmesurada ( ) para vivir también en el interior de nosotros como un objeto fantasmatizado que resitúa nuestro deseo al hacerlo insatisfecho en el límite de lo tolerable" (20 Pág.49)

Es la paradoja del fantasma, hace entrar al goce en los límites del Principio del Placer, la mesura del deseo, en la medida que apunta a Más allá del Principio del Placer; el goce, turbulencia de la desmesura. Mi conjetura en la clínica de la drogadependencia, enfatiza la instantaneidad, la preeminencia del fantasma del sufrimiento masoquista, conjuntamente con el fracaso-vacilación de la función dolor del fantasma del duelo. Allí está lo real del "objeto elegido fantasmatizado.

¿Qué es el dolor? "En sí, el dolor no tiene ningún valor de significación. Está allí, hecho de carne y piedra, y, sin embargo, para calmarlo, debemos tomarlo como la expresión de otra cosa, despegarlo de lo real transformándolo en símbolo" (17 Pág.21) Concuerdo con Nasio sobre el fundamento del dolor, prefiero llamarlo sufrimiento como goce de lo real. Al despegarlo en lo simbólico, en ese tránsito, deviene como dolor, se transmuta el fantasma. Es en ese tránsito la cura del drogadicto, "en modo alguno proponer una interpretación forzada de su causa, ni siquiera consolarlo ni alentarlo. Dar un sentido al dolor es entrar en concordancia con el dolor, tratar de vibrar con él y, en este estado de resonancia esperar que las palabras y el tiempo lo erosionen ( ) por último, encontrarle un lugar en el seno de la transferencia en donde podrá ser gritado, llorado y gastado a fuerza de lágrimas y palabras." (17 Pág.21/22) El fundamento ético del acto terapéutico se dirige al sujeto del sufrimiento, al ir destituyendo la dependencia que ocupa el lugar de la droga, aparece el objeto del fantasma. El camino posible del duelo.

Es lo que hace, no solo la creatividad del psicoanálisis, sino de toda terapia; lo opuesto a un encuadre rígido, moralizante y racional, el que sostiene el imperativo del Otro moralizante-superyoico El analista o terapeuta al estar siempre implicado subjetivamente en la transferencia, deben estar lo más lejos posible de sus prejuicios, de su dominio, de su autoestima. Debe ir produciendo, en cada momento de la cura, la especificidad del fantasma. En función de la pérdida, el duelo, la separación,

Desarrollaré mis conjeturas en el encuentro con las de Olievenstein, las de Nasio, García Badaracco y de Leclaire. Hacen posible pensar la clínica de la drogadependencia, en función de la relevancia del dolor-sufrimiento que hay en ella.

Las citas, muchas veces inconexas que hago de ellos, como las de Freud o Lacan, solo pretenden abrir nuevos interrogantes a la clínica de la drogadependencia; es la lectura que hago de sus textos, como las de Freud o Lacan. Solo pretenden abrir nuevos interrogantes a la clínica de la drogadependencia. Es la lectura que hago de sus

Textos, de ningún modo establecer equivalencias entre ellos, sí, con ellos, lo que hace posible pensar la cura del drogadependiente.

El-sufrimiento del drogadicto.-

Olievenstein diferencia el usador recreativo del drogadicto profundo, entre ellos están todos los estados intermedios. El primero depende de las condiciones socioculturales, hay que hablar de la época. Se trata de una trasgresión, experimentan un sentimiento de insoportable fastidio social, no contra la ley, se trata de "una religión contra la norma", pero no se trata de normas morales corrientes, se trata de un modelo obligado socialmente, pero de una manera no dicha, que obliga a un comportamiento social que produce malestar, rechazo, a una marginalidad, y de allí a los paraísos artificiales. Fue la clientela del Marmottan (Centro experimental de la drogadicción en Paris) en los 10 últimos años los "hippis", consumidores de "drogas ideológicas", los alucinógenos. Era fácil terminar en ellos con la dependencia psíquica, si bien tienen trastornos de identidad profunda. Es diferente a la falta arcaica en la estructura pre-adictiva de la subjetividad, lo propio del "drogadicto profundo". Es lo que predomina en la nueva "clientela " del Marmota, los que lo obligaron a "Reinvertar el Marmottan." (19)

Del sufrimiento del drogadicto profundo al dolor-sufrimiento en la abstinencia, hay un largo pasaje; tiene por meta el dolor del duelo. ¿Qué es el dolor del duelo del drogadicto? Su etapa final, cuando va logrando desprenderse, aceptar la pérdida de su objeto fantasmático del goce en el sufrimiento. La legalidad de todo método terapéutico debe fundarse: "en todas partes y en todo el tiempo uno está en un equilibrio inestable, uno quiere asir al mismo tiempo lo que va a cesar de ser y lo que no cesa de ser" (20 Pág.281)

Solo aceptando el pasaje continuo entre el sufrimiento y el dolor, "el sujeto desintoxicado no será jamás aplacado (ni en el instante breve del amor o una ilusión) pero estos instantes morirán rápido ( ) a pesar de todo el sujeto vive en cada día sin la necesidad compulsiva de la repetición, él vive la experiencia de la no-dependencia ( ) él es para él mismo un "(20 Pág.283/83) "El se acepta como un hombre cualquiera pero que esto no es dado a un hombre cualquiera" (20 Pág.284) Si no cualquier hombre alcanza esta meta, es la paradoja del sujeto drogadicto desintoxicado, no es un cualquiera, ya que no cualquiera lo logra; tiene una marca imborrable.

Esto hace posible pensar el gran esfuerzo terapéutico sublimatorio en la cura del drogadicto. Ha descendido al Bien freudiano, al infierno del goce freudiano. Solo así es posible construir una moral fundada en la ética, un sujeto responsable de la maldad, lo más profundo de él mismo. Son las consecuencias del mito freudiano del crimen primordial.

Solo así es posible " restaurarle en las dimensiones propias de sus semejantes su tiempo vivido, podrá comenzar el aprendizaje de una vida, expresar culpas, sufrir frustraciones, otra manera que por el pasaje al acto" (20 Pág.164) Pero, sostiene Olieventein, todo enfoque será nulo si se ignora el potencial inerte de la droga, la que va más allá de lo psíquico, pero no es posible pensarla fuera del sufrimiento del sujeto desintoxicado. Es el término que él acuñó, que refleja la complejidad del dolor-sufrimiento del sujeto en la desidentificación-desintoxicación. Un término que me parece apropiado para dar cuenta de lo complejo del trabajo, la modificación de la subjetividad, donde los retrocesos y los logros se alternan en la medida que se va abriendo "las puertas cerradas por lo incomunicable de las verdaderas razones del sufrimiento" (20 Pág.259) Se debe tener en cuenta que en este trabajo, por esta dependencia ciega al sufrimiento, su reactivación, es motivo de graves pasajes al acto, entre ellos el suicidio. "La escena psíquica es invadida por la culpabilidad () un escepticismo y pesimista y doloroso" (20 Pág.262)

La ley primordial,-

Para poder pensar la clínica de la drogadependencia, la témporo-espacialidad del goce que la distingue, debemos pensarla desde el paradigma del descubrimiento freudiano, el Mito del Crimen Primordial. Mito que instaura la Ley, la paradoja de la-Ley, la prohibición-del-incesto crea el horror en la búsqueda del incesto. La ley, el fundamento de la subjetividad, prohíbe lo que incita. La Ley Primordial se funda en un crimen primordial.

"Para que algo del orden de la ley sea transportado, es necesario que pase por el camino que traza el drama primordial articulado en Tótem y Tabú, e saber, el asesinato del padre y sus consecuencias; asesinato, en el origen de la cultura, de esa figura de la que nada puede decirse ( ) es un tiempo esencial en la institución de esa ley" (13 Pág.213) De lo que nada puede decirse es lo real, pero lo real responde a su manera. Freud lo interrogó y respondió con el Mito Primordial, respondió con la presencia del incesto en la prohibición. Respondió en el fundamento de la maldad humana, la que vuelve ingenuo el Mandamiento: "Amarás a tu prójimo..." Es esta paradoja del misterio del Mito freudiano, Mito que encarna el Bien del ser humano en el crimen y el incesto, respuestas de lo real que hace su estructura.

Asumir lo real del goce abre las vías de la sublimación, asegura la interdicción del incesto, refuerza la interdicción masoquista-criminal. Lo contradictorio es que al someterse a la Ley moral natural, encontrará en el Ideal "siempre reforzarse las exigencias siempre más minuciosas, más crueles, de su superyó" (13 Pág.214)

Pero, ¿qué es esta incitación transgresiva de la Ley? "Era necesario que el pecado tuviese la Ley, dice San Pablo, para que pudiese devenir, no dice que lo logre, -desmesuradamente pecador" (13 Pág.215)

¿No son acaso estas paradojas las que el drogadicto pone en escena? Pone en escena lo que está en lo más interior y exterior del ser humano. Realiza el duelo que muchos han transitado y otros han quedado a mitad de camino. La droga pone al descubierto el goce humano. ¿Es delito jurídico consumir, no es un enfermo?. Si no partimos de estas verdades es imposible la clínica y la cura.

La Cosa, el Bien freudiano.-

"Lo que encontramos en la ley del incesto se sitúa como tal a nivel de la relación inconsciente con das Ding, la Cosa. El deseo por la madre no podría ser satisfecho pues es el fin, el término, la abolición de todo el mundo de la demanda, que es el que estructura más profundamente el inconsciente del hombre. En la medida en que la función del principio del placer reside en hacer que el hombre busque siempre lo que debe volver a encontrar, pero que no podría alcanzar, allí yace lo esencial, ese resorte, esa relación que se llama la ley de interdicción del incesto" (13 Pág.85)

La Ley primordial es una paradoja. Como interdicción, se dirige a das Ding, la Cosa freudiana, el Bien en la enseñanza de Freud. La madre está en el lugar del Bien, no es el Bien. La Ley prohíbe lo que busca, lo real del Bien ordena el incesto El fantasma incestuoso es una respuesta de lo real, enmarca la realidad al poner un velo imaginario, encubre el crimen incestuoso El Bien, como el incesto, como el crimen parricida fratricida, se lo busca sin encontrarlo nunca, siempre su repite la alteridad irreductible. Hace posible el deseo insatisfecho si un señuelo lo encarna, el objeto elegido fantasmático. Implica un duelo primordial por el objeto perdido, objeto nunca tenido.

El dolor-sufrimiento del drogadicto, cree haberla tenido. El drogadicto produce, devela, no la abolición de la Ley Primordial, en la desmesura de su demanda, pone en acto las paradojas de la Ley. En ella está interdicto y obligado al crimen y al incesto. Es lo que hace a la falta, la falla de lo real de la Ley Primordial, rige el inconsciente. Es la Ley en la que se constituye el sujeto, responsable de su acto por la anterioridad de su culpa. La Ley Primordial freudiana está en el lugar de la Cosa, no de la Causa Divina. Al estar en el lugar de la Cosa, de Das Ding, está en el lugar de la causa perdida. El goce es inasible, inasequible, es la alteridad absoluta, es tanto la causa como el fin, es otra dimensión témporo-espacial. Es la dimensión del drogadicto, busca alcanzar la Cosa con pasión y certeza en la desmesura. Por ello enfatizo el duelo y el fantasma, tal como lo he desarrollado desde el pensamiento de Nasio.

A mi entender lo que Olivestein designa como "estadio del espejo roto y estadio de la desmesura, es la conjetura para dar cuenta de esta singularidad clínica, conjetura que implica la rotura desmesura de los velos, los que obturan las paradojas de la Ley. Por eso, en ellos, el placer y el goce se separan y se unen, hay al mismo tiempo orden y desorden, su identidad es la fragmentación en la unidad. El

actuar del drogadicto resulta como un neurótico, como un perverso, como un psicótico, como un melancólico o un maníaco sin ser ninguna de ellas; desconocerlo hace imposible tanto la clínica como la cura. La instantaneidad de la desmesura es la "necesidad absoluta de trasgresión que se sabe deberá pagarla con una angustia de culpabilidad aún más grande." (20 Pág.156) Culpabilidad que la releemos desde Lacan como el atractivo por la falta primitiva.

Solo así es posible " restaurarle en las dimensiones propias de sus semejantes su tiempo vivido, podrá comenzar el aprendizaje de una vida, expresar culpas, sufrir frustraciones, otra manera que por el pasaje al acto" (20 Pág.164) Pero, sostiene Olieventein, todo enfoque será nulo si se ignora el potencial inerte de la droga, la que va más allá de lo psíquico, pero no es posible pensarla fuera del sufrimiento del sujeto desintoxicado. Es el término que él acuñó, que refleja la complejidad del dolor-sufrimiento del sujeto en la desidentificación-desintoxicación. Un término que me parece apropiado para dar cuenta de lo complejo del trabajo, la modificación de la subjetividad, donde los retrocesos y los logros se alternan en la medida que se va abriendo "las puertas cerradas por lo incomunicable de las verdaderas razones del sufrimiento" (20 Pág.259) Se debe tener en cuenta que en este trabajo, por esta dependencia ciega al sufrimiento, su reactivación, es motivo de graves pasajes al acto, entre ellos el suicidio. "La escena psíquica es invadida por la culpabilidad ( ) un escepticismo y pesimista y doloroso" (20 Pág.262)

Pasión por la falta primitiva.-

Si el falo habita la dimensión cómica, ¿quién habita la dimensión trágica? Lo real del sujeto, lo que resta de lo real, hace la relación consigo mismo. El sujeto, si bien capturado y producido por el lenguaje, se encuentra con lo real del desamparo, lo más interior y exterior a sí mismo. Freud y algunos filósofos literatos y poetas lo alcanzaron, lo alcanzaron como James Joyce. El sujeto se descubre que él falta allí donde él es, es la pasión inconsciente por la falta primitiva. Es esa verdad de la falta en el origen, que llamamos la muerte de Dios; la causa perdida. Es a lo que Freud nos conduce con el Mito del asesinato del padre primitivo, a la muerte de Dios; por ello el Otro no existe para Lacan. "Es en función de la muerte de Dios que el asesinato del padre, que representa el modo más directo, es introducido por Freud como un mito moderno" (13 Pág.176)

La inexistencia de un Dios-Otro constituye el sujeto, allí donde él es, descubre la falta del Otro. su falta es su culpa primordial. Lacan más cerca de Nietzsche que de Hegel. Pero el lugar inexistente del Otro lo ocupará la omnipresencia de la culpa. Si el Otro no existe, no hay alguien que sea la causa en el origen, ni un fin que alguien comande, no implica que lo real allí no responda. Responde con lo real del fantasma. ¿Porqué el pre-adicto y el drogadicto devela esta pasión? Pasión por la falta, el goce por hacer existir al Otro que goza de él. La falta es ambigua, nos introducimos con el drogadicto "de hecho, nos enfrentamos nada menos que con el atractivo de la falta" (13 Pág.10) La falta es lo mórbido, la falta es la culpa que busca el castigo, la culpa es lo mórbido de la conciencia moral. "Nos vemos remitidos aún más lejos, hacia valla a saber a que falta más oscura que clama por dicho castigo". (13 Pág.11) Nos adentramos en el Soberano Bien freudiano; no en el aristotélico; el mal es el Bien.

El drogadicto es quien mejor contesta; lo hace por todos nosotros. Manuel, a sus 35 años, el equipo terapéutico había descubierto sus repetidos intentos suicidas, hechos en secreto, luego de haber abandonado el consumo de drogas. Es imposible llegar al secreto de su fantasma, el objeto elegido fantasmatizado, el que comanda sus actos. En una recaída inesperada en el consumo, de alcohol y cocaína, llega al Programa confesando su culpa por lo hecho. Está como a la espera de una sanción. Luego de varias entrevistas, y su participación en el grupo, dice: "me siento culpable por haber consumido." Se desconcierta ante la pregunta: "culpa por consumir, ¿pero cuál es la culpa que te llevó al consumo?" Revela que, durante casi tres días, consumió 20 gramos de cocaína, el primer saque fue de 8 gramos, lo hice para matarme. Pero no ocurrió así, me puse paranoico, no con la policía, tenía la realidad de la presencia de mi padre muerto, él, en cualquier momento abría la puerta para llevarme."..

El acto indeseable de la recaída "abrió las puertas" de la deuda con el padre, deuda impagable. Una falta que lo llevaba al encuentro con el padre muerto, el que falta. El único modo de saldar su culpa, es con su propia muerte. La recaída de Manuel permitió aproximarlo al secreto suicida, no lo exime de su compromiso ante la Comunidad de no recaer en el consumo.

Manuel pone en escena el Mito Freudiano del Crimen Primordial. Si el Mito colocó la culpa antes que el delito, el sujeto es responsable de ambos.

Omnipresencia de la culpa.-

Freud, se extiende en su obra en una reflexión originaria y original, el mito fundacional del asesinato del padre primitivo. Su pensamiento se desliza entre el mito del asesinato del padre y el instinto de muerte. Entre, porque si hay un enigma, una falta, está en la conciencia moral, el sentimiento de culpa, el que Freud intenta descifrar entre el mito y la pulsión de muerte. En el mito encuentra que, "hay algo que el análisis indicó, es realmente la importancia, la omnipresencia, del sentimiento de culpa" (13 Pág. 11) Sin el mito no hubiera habido posible pensar el atractivo de la culpa, la falta. El mito trata del acto inicial, el misterio del asesinato del padre primitivo ha quedado oculto, como sus consecuencias: la omnipresencia de la culpa. El asesinato del padre primitivo abrió la vía del goce como imposible, lo que supuestamente el padre prohibía. Su muerte reforzó la prohibición y la atracción por repetirlo. "Lo importante es mantenernos en lo que entraña esa falta". (13 Pág. 214) Es esa falta del Otro por la que el drogadicto clama, clama por la presencia de alguien que lo encarne. Son los sistemas "Comportamentalistas" los que Olievenstein critica, en tanto lo encarnan. Por ello el drogadicto, para obturar la falta, repetirá la trasgresión, con su proclividad al castigo buscará todos los medios para satisfacerla.

¿Porqué el drogadicto pone en acto, al vivir con desmesura, la paradoja de la falta originaria del sujeto? El sujeto falta allí donde él es. Si la función del fantasma y del narcisismo es el poner un velo allí donde él no es, por lo contrario, en el pre-adicto y luego el drogadicto el fantasma claudica. Queda enfrentado a este sufrimiento desgarrador, el encuentro con lo real del lugar donde él falta como sujeto. Lo que Olievenstein llama estadio del espejo roto y la desmesura. Su identidad es en la multiplicidad en la unidad, actúa como un neurótico, como un perverso, como un psicótico, como un melancólico o un maníaco sin ser ninguna de ellas. Es totalmente diferente a la alteración psicótica de la identidad de un drogadicto. Este queda siempre disperso, disgregado en sus relatos. No hay una identificación que los reúna. Desconocerlo hace imposible el diagnóstico diferencial. El drogadicto busca, sin saberlo, ser caratulado como falso o impostor, con lo cual satisface su deseo de castigo.

El crimen primordial y el amor al prójimo.-

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo", este mandamiento, afirma Lacan, Freud lo ha descifrado en un nivel nunca alcanzado, lo hizo en "El Malestar en la Cultura", el carácter particular de la maldad humana, "el núcleo más profundo del hombre"(13 Pág.33) Freud reaccionó con asombro a la dimensión que tiene en la cultura este mandamiento.

No en vano Lacan hace esta cita de Freud: "Quienes prefieren los cuentos de hadas hacen oídos sordos cuando se les habla de la tendencia nativa del hombre a la maldad, a la agresión, a la destrucción y también por ende a la crueldad. Y esto no es todo: El hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo. Si no se los hubiese dicho de entrada la obra de la que extraigo este texto, habría podido hacerlo pasar por un texto de Sade." (13 Pág. 224)

El mito freudiano del asesinato primordial, resulta un drama solidario al mandamiento del amor al prójimo, mandamiento que suprime, niega, Aufhebung, el crimen primordial al mismo tiempo que su enunciado lo predica: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". "Quizás aquí el sentido del amor al prójimo podría volver a darme el verdadero rumbo. Para ello, habría que saber enfrentar el hecho de que el goce de mi prójimo, su goce nocivo, su goce maligno, es lo que se propone como el verdadero problema para mi amor." (13 Pág. 227) "Esa ley que hace del goce de mi prójimo el punto pivote alrededor del cual oscila el sentido del deber" (13 pag. 230)

El imperativo de lo real de la Ley Primordial, se escribe como lo Otro. Es lo Otro porque está en mí, es lo más interior y ajeno a mí mismo. Es la "extimidad" del goce del Otro, el sentido del deber del goce maligno. Siempre alguien lo encarna, por eso en necesario descubrir en la cura el elegido fantasmatizado, el que lo habita como fantasma. Descubrimiento que hace posible el acto sublimatorio, asumir la alteridad del semejante.

Jorge, drogadicto de 25 años consumió cocaína y otras sustancias desde los 14 años. En los comienzos de su tratamiento, en la modalidad Terapéutica Comunitaria, se conduce con una actitud soberbia, a veces violento; un megalómano. Fue integrando poco a poco esta actitud ante la comunidad en los grupos. Tenía entrevistas individuales, donde comenzó hacer un relato con gala, como lo hacía en los grupos, de su violencia sexual con las mujeres y con los hombres. El goce era violarlos, particularmente en el sistema carcelario, cuando llegaba un violador, él era el primero en ejecutar el rito carcelario, cuando lo hacía, gozaba con su brutal violencia. Su megalomanía esconde un goce perverso.

El relato patético de otro residente, de haber sido violado, lo escucha en su grupo en la Comunidad Terapéutica, esto lo conmociona. Sorpresivamente se identifica a la víctima, lo que va sintiendo y pensando pide que sea reservado en las entrevistas. Se producen dos nuevos escenarios, el onírico, en sus sueños y pesadillas se despliegan escenas de gran violencia. La otra escena es la del relato. Paulatinamente se encuentra que él, el violador, está en el lugar del violado.

"He comenzado a vivir el efecto que me produce la violencia contra otra persona, es el ser violento, no un homosexual, es ser violento para humillarlo, cuando lo violo lo poseo. Creo que ahora desarrollo mi violencia en las pesadillas. No quiero ser más el violador. Me pregunto ya, no qué daño hiciste, sino el daño que me hice, me hice una herida grande." Jorge queda perplejo ante su hallazgo, verse que es él el que ocupaba los dos lugares, el del violado cuando realizaba el acto perverso de la violación. Le duele darse cuenta que no sabe lo que es tener un goce sexual con la mujer. Jorge es testimonio del efecto terapéutico Comunitario, hay un cambio en su estructura perversa. En la psicosis maníaca, el efecto de la medicación. Es un dual, un doble diagnóstico.

El caso relatado nos lleva a las conjeturas de Nasio y Olievenstein. Con Lacan, a confrontar Freud con Sade. Vincularlas con el singular goce perverso que predomina ya en el pre-adicto, un goce perverso sin ser un perverso. Es necesario poner en relieve que, el masoquismo freudiano es primario, siempre se colocó al sádico como el amo. "El sádico, el que tormenta a su partenaire, goza también de él de un goce masoquista. ¿Por qué? Porque actúa siguiendo la voluntad de otro ( ) goza masoquísticamente de su servidumbre." (17 Pág.150) Paradójicamente la cura del drogadicto, su capacidad sublimatoria, solo es posible al poner en la escena terapéutica las "imágenes que pueden hacer vibrar en nosotros ese algo extraño que se llama deseo perverso" (13 Pág. 280) El caso Jorge, por el contrario, el Ideal del Yo, Narcisita Omnipotente, cohabitaba con la perversión.



El estadio de la desmesura y del espejo roto.--

La drogadependencia surge del triple encuentro: el producto, el momento socio-cultural y la estructura subjetiva. La originalidad de Olievenstein radica en la articulación inseparable entre la conjetura del estadio del espejo roto y el estadio de la desmesura, fundamento de la temporalidad del drogadicto; la instantaneidad en la simultaneidad.

El estadio del espejo, en la enseñanza de Lacan, el que inspira a Olievenstain, implica estas nociones témporo-espaciales originarias, la alteridad en la simultaneidad. "Una discordancia, de una fuerte distancia entre un cuerpo prematuro y la imagen anticipatoria de ese mismo cuerpo ya maduro ( ) un cuerpo insuficiente y su imagen reflejada ( ) la sexualidad surge allí en la discordancia." (17) Es la alteridad-temporalidad que va a recorrer toda la obra de Lacan. Su inicio: "El tiempo lógico. Un nuevo sofisma"(9) escrito en 1944, el "El estadio del espejo" (11) en el año 49. Olievenstein retoma estas conjeturas, "Nosotros intentamos integrar principalmente en toda la clínica humana la noción de instantaneidad-la instantaneidad fecunda que permite volver a poner en causa, de manera definitiva o transitoria, una organización tópica o estructural"(20 Pág.126)

El sujeto corriente vive en el tiempo cronológico, la temporalidad en la instantaneidad está reprimida. El drogadicto vive con sufrimiento la temporalidad instantánea, la descarnada asimetría del cuerpo y la imagen. El tiempo vivido es fugitivo, hay al mismo tiempo orden y desorden, el placer y el goce se separan y se unen. La identidad es la dispersión en la unidad del sujeto como objeto. Actúa como un neurótico, como un perverso, como un psicótico, como un melancólico o un maníaco; sin ser ninguna de ellas es él.

La droga en el pre-adicto, va a ir reproduciendo esta identidad fallida, el espejo roto. En el consumo, el drogadicto vive la desmesura de los afectos e imágenes en el hig megalómano, en el down sufrimiento de la droga, el goce masoquista, la persecución y la omnipresencia de la culpa.

No sabemos ahora, sostiene Olievenstein, por qué la estructura pre-adictiva se instala en determinados niños. No invoca una causa sino una estructura su hipótesis del estadio del espejo como del estadio de la desmesura. Es una conjetura desde la experiencia clínica del Centro Médico Marmottan, el que ha recibido a doce mil pacientes entre consumidores y drogadictos hasta 1983.

La función del fantasma.-

La organización en la desorganización, sostiene Olievenstein, "se tratan de nudos" (20 Pág.41) Los nudos son los lugares de resistencia, de repetición de una organización. A mi entender, equivalente a la función del fantasma en la enseñanza de Lacan. La perturbación de la función del nudo-fantasma hace posible pensar en la singular estructura del drogadicto; parecer un psicótico sin serlo. La función del fantasma en el drogadicto coexiste con su vacilación y caída; el predominio de la vacilación-caída. ¿Cuál es la caída?, el goce en el sufrimiento del drogadicto.

Roberto tiene 28 años, consume desde los catorce años, lo hacía para superar una desesperante timidez, siempre se sintió mirado en su mal aspecto. A los 20 años, en una pelea, recibe una grave puñalada en el epigastrio, de allí en más los momentos de crisis van en aumento, se siente perseguido, observado, despreciado, con una intensidad que solo el suicidio es la salida. Estos episodios se repiten en intensidad al dejar el consumo. Pierde el control de su cabeza, las ideas ajenas a él se le imponen, cuando pasa la crisis, queda extrañado por su comportamiento. Lo más llamativo en su relato es que él, cuando habla de sus distintos momentos vividos, no logra saber quien es él entre todos ellos; en los momentos de sufrimiento.

Es un relato, como el de muchos otros pacientes, con el realismo de la dispersión de su identidad, sin dejar de ser él, el que padece. Se relaciona con la conjetura de Olieventein, el estadio del espejo roto y la desmesura. El Yo narcisista se derrumba como velo sin el acotamiento del fantasma, queda al descubierto lo real del sufrimiento, el encuentro con lo real especular del cuerpo fragmentado con su imagen rota. El fracaso del narcisismo y del fantasma.

La función del fantasma está sujeta a diversas relecturas en la enseñanza de Lacan, tomo como referencia la del Seminario XIII. (12) La función del fantasma es la bisagra entre el Ello y el Inconsciente, el fantasma determina la articulación de ambos. No existe, desde esta conjetura, la anterioridad de un Ello como lugar de un desorden pulsional o bien como un "núcleo psicótico". Se trata de la anterioridad Ello como el "no-pienso pulsional", hace posible que haya una oferta al Inconsciente de un pensar vacío, como una mar posible de pensamientos para el sujeto, pensamientos por advenir, en el lenguaje efectivo como invención del sujeto.

El elegido fantasmatizado.-

Es lo novedoso de la función del fantasma, modificar el imaginario teórico, el prejuicio de la relación sujeto-objeto. Solo hay relación recíproca en la función del fantasma, "El fantasma es el nombre que le adjudicamos a la soldadura inconsciente del sujeto con la persona del viviente del elegido ( ) el elegido existe por partida doble: por un lado fuera de nosotros, bajo la especie de un individuo viviente en el mundo, y por el otro, en nosotros, bajo la especie de una presencia fantasmatizada-imaginaria, simbólica y real-que regula el flujo imperativo del deseo y estructura el orden inconsciente. De las dos presencias, la viviente y la fantasmatizada, es la segunda la que predomina" (17 Pág.50/51)

Esta función del fantasma es la que vacila o falla ya en el pre-adicto, más aún en el drogadicto. El fracaso del fantasma hace la instantaneidad témporo-espacial, hace que se deslice el pensamiento como una forma impuesta, con la apariencia de obsesiones, aparentan los trastornos cognitivos propios de las psicosis, lo son sin serlo. Como el pensamiento impuesto, aparecen las ideas persecutorias o suicidas, a veces formas casi alucinatorias de la imagen especular. Es lo que he ido advirtiendo en mi trabajo con pacientes drogadependientes, como Roberto.

El fantasma no es algo que pertenece a la subjetividad de un sujeto, es lo que lo enlaza de los modos más diversos al "objeto elegido". No es posible una cura sin saber cual es el lugar del elegido fantasmatizado, que lugar ocupa en la pareja parental o de la pareja elegida, ya que "yo soy la persona viviente en la que se ha construido su fantasma ( ) mi fantasma será un nudo tanto más estrecho cuando yo soy para el otro lo que él es para mí: el elegido fantasmatizado" (17 Pág.52)

El elegido fantasmatizado, un concepto psicoanalítico fundamental, permite diferenciar el objeto del psicoanálisis del objeto empírico. Nasio no se refiere al amor al objeto con un sentido ingenuo, el amor del que nos habla es del amor a un ser híbrido, no solo es lo más exterior sino lo más exterior íntimo. El "objeto fantasmatizado" tiene un nivel simbólico e imaginario, pero "es la presencia real del otro en mi inconsciente la que plantea más dificultades conceptuales, porque el calificativo de "real" ( ) no designa a una persona sino a lo que, de esa persona, despierta en mi inconsciente una fuerza que hace que yo sea lo que soy y sin la cual no sería consistente. Lo reales es lisa y llanamente la vida en el otro. ( ) un eje vital e impersonal que no pertenece a ninguno de las dos partenaires (17 Pág.53) Lo real en la enseñanza de Lacan, tal como lo enfatiza Nasio, es que lo que el fantasma produce, no solo la consistencia psíquica de un sujeto, sino la consistencia al lazo con el otro. Es lo que hace consistente los afectos de amor y de odio, retorna en lo inasible del dolor-sufrimiento.

Partir de esta conjetura de lo real del "objeto fantasmatizado" nos permite pensar cual es el dolor-sufrimiento que ocupa el lugar del "objeto perdido" en el pre-adicto como en el drogadicto. Es la relectura de la hipótesis de Olievenstein del estadio del espejo roto y del estadio de la desmesura que privilegia el momento donde se inscribe la marca "de esta pre-instantaneidad donde se va a operar la ruptura ( ) Nosotros sabemos la importancia que va a jugar en el mantenimiento de la drogadependencia los fenómenos de la memoria, particularmente el reencuentro con el primer "flash" y el "planeta" encontrado, la unidad al fin encontrada en aquella atmósfera de goce." (20 Pág.144)

Podemos decir, retomando Freud: "no sabe a quien perdió, ni lo que perdió", La Ley primordial, una paradoja. No sabe que como interdicción, se dirige a das Ding, la Cosa freudiana, el Bien en la enseñanza de Freud. La madre está en el lugar del Bien, no es el Bien. No sabe que La Ley prohíbe lo que busca, lo real del Bien, ordena el incesto El fantasma incestuoso es una respuesta de lo real, enmarca la realidad al poner un velo imaginario, no sabe que encubre el crimen incestuoso El Bien, como el incesto, como el crimen parricida fratricida, se lo busca sin encontrarlo nunca, siempre se repite la alteridad irreductible. Hace posible el deseo insatisfecho, si un señuelo lo encarna, en el objeto elegido fantasmático. Implica un duelo primordial por el objeto perdido, el objeto nunca tenido.

Si la consistencia del fantasma organiza el marco de la realidad, da consistencia al cuerpo y al sujeto para que pueda enunciarse como el yo de la primera persona; lo que vacila, claudica en el drogadicto. Es lo que nos obliga a pensar, buscar entre sus relaciones amorosas, cuál el objeto fantasmatizado que domina sus actos, su subjetividad, el que ocupa el lugar de la creencia del Otro del Goce, un fantasma que enlaza y vale para ambos partenaires. Es prioritario en la clínica de la drogadependencia no tomar al sujeto aislado, sino con el partenaire fantasmático que los une. Qué significa el otro para mí y yo para el otro.

El pre-drogadicto.-

Hay una diferencia clínica fundamental entre el "drogadicto verdadero" y el "consumidor de drogas". El pre-drogadicto es el antecesor necesario del drogadicto, no del consumidor. En el pre-adicto hay "una posibilidad mínima de asumir la ley real o imaginaria, también la rapidez de las transformaciones del sujeto y de sus pasajes al acto." (20 Pág.43) "La relación del futuro drogadicto con la Ley es modificarla por necesidad absoluta" (20 Pág.130) Ley Real es la que rige las relaciones sociales, es ley que se internaliza en el sujeto articulada a la Ley Primordial Inconsciente, su fundamento paradójico. Ley que no presupone su existencia en un espacio intra psíquico, tiene la realidad de la existencia del mito freudiano. Hace posible pensar el sujeto del psicoanálisis.

En el pre-adicto las paradojas de la Ley Primordial carecen de velos, es así que su interdicción hace la pasión por lo prohibido. El mito de la Ley Primordial se trastoca en lo real de la omnipresencia de la culpa, en el imperativo del goce en el sufrimiento. Rige la subjetividad pre-adictiva, la instantaneidad-desmesura. Desde la infancia, hay un consumo bulímico de excitaciones; una masturbación exagerada acompañada de fantasías perversa o incestuosas; el pasaje al acto. El travestismo empieza a ocupar un lugar privilegiado en su vida sexual. Todo debe ser de inmediato, masivo. Se desliza al masoquismo.

Por lo contrario, nada específico hay en la infancia del "consumidor". El tiempo pre-adictivo es la instantaneidad, se han pervertido los valores del tiempo corriente, es otra temporalidad. El es lo que será el drogadicto verdadero. La alteración temporal y de las paradojas de la Ley Primordial son inseparables, su vida es esta paradoja, el placer con el más allá del principio del placer, ambos tiempos en un mismo tiempo. "Es en este consumo bulímico de excitaciones que va a inscribirse para esta nosografía clínica. Y en primer lugar, el aparente carácter perverso que presenta a los ojos del observador el pre-drogadicto, por su consumo bulímico de excitaciones" (20 Pág.42/43)

Por ello, sostiene Olievenstein, es necesario reintroducir la noción de "los momentos fecundos", las vivencias del pre-adicto reproducirlas en la terapia del drogadicto. Este puede organizarse, al mismo tiempo, cerrando y abriendo la falla del pre-adicto, actuar tanto de un modo psicótico, neurótico, perverso, sin ser ninguna de ellos. Desorganizarse lo mismo que reorganizarse de otro modo ante un nuevo obstáculo. Solo es posible ligar la clínica de la drogadicción a este movimiento, a este orden del desorden; lo que comienza en el pre-adicto. Los modos con los que intentó, cerrar y abrir las aberturas dejadas por la rotura inicial, ahora, con la utilización de la droga. Se trata de conducir y producir una clínica que dirija la acción terapéutica a lo propio del pre-adicto en el drogadicto. Muchas veces estas formas cambiantes reciben el mote de impostores, no solo impiden su cura sino que lo estabilizan en una postura masoquista, a la que son propensos.

Del sufrimiento del drogadicto al duelo.-

El drogadicto convive con el sufrimiento, la convivencia del drogadicto con lo real del sufrimiento es un misterio. Cuando se produce el reconocimiento del sufrimiento hace síntoma, el que lo puede llevar a la consulta; no consulta por la drogadependencia. (20) Lo que debemos tratar de producir son las respuestas de lo real del sufrimiento, se trata del fantasma, de este surgirán los síntomas en la cura, en el transcurso de la cura, el deseo de abandonar la drogadependencia.

Hay una detención del pensamiento en el sufrimiento, el sufrimiento no es lo real, hace límite con lo real, si bien es una respuesta de lo real, el sufrimiento es mudo. Será el sufrimiento-síntoma el paso que hará posible arribar al dolor del duelo, el duelo, como Nasio lo presenta en el caso Clémence, su hijo tan esperado, muere repentinamente luego de nacer. "Durante algún tiempo, Clemence no dio muestras de su sentir. Su silencio no me asombraba, porque yo sabía por experiencia hasta que punto la persona que atraviesa un duelo, desmoronada por el golpe de una pérdida violenta, rechaza de plano el encuentro con todos aquellos que, antes del drama, estaban vinculados al ser desaparecido ( )Sabemos que este dolor es la última defensa contra la locura." (17 Pág.14) Es la diferencia del duelo con el sufrimiento del drogadicto, quien "no sabe a quién perdió ni lo que perdió". El duelo de Clemance es posible al involucrar su fantasma a su analista: "En aquel momento, nuestro vínculo se reducía a poder ser débiles juntos: Clemance, fulminada por su pena, y yoo, sin dominio sobre su dolor. Me encontraba desestabilizado por la impenetrable angustia del otro" (17 Pág.15) Nasio habla de los efectos del dolor y la pena de un duelo, algo muy diferente es el sufrimiento, fuera del duelo del drogadicto, los efectos en quien lo trata no pueden ignorarse.

Paradojas del masoquismo.-

En el drogadicto es necesario el pasaje del mutismo del sufrimiento, producir, develar y sostener el "nudo-fantasma". El fantasma produce el síntoma en la cura, conduce la cura. El sufrimiento del drogadicto, por el cual consulta, se va a ir deslizando paulatinamente al goce del fantasma perverso masoquista, no al sufrimiento melancólico, goza de dirigir su propia degradación y de aquellos comprometidos con su cura, pero desde el lugar de la inutilidad del esfuerzo hecho. Es necesario que su goce masoquista advenga como síntoma.

Olievenstein asevera: "No es por casualidad que nosotros hemos hablado de sado-masoquismo ( ) así la dependencia no es más que impuesta al sujeto, ella representa para él un atractivo certero, obrando en él toda una perspectiva de vida, principalmente en la relación dominante -dominado, poseedor-poseído a lo que él deviene enteramente él por él mismo (20 pag.53)

Es la singularidad masoquista del drogadicto. El pasaje al síntoma nos remite al caso Jorge, un caso límite, un caso dual. En él, el masoquismo se convierte en el testimonio de la perversión, el masoquismo perverso es el acto repetido, hace de su vida la repetición ritualizada del acto perverso, la pasión por el sufrimiento del semejante. Hace síntoma al descubrir que él es el violado en su violación, violado por él mismo, él es, al mismo tiempo, el sádico y el objeto deyecto, humillado. La repetición monótona, ahora tiene un intervalo reflexivo, se hace responsable de su acto. Aparece la culpa, desde esta posición de objeto deyecto. Pero sin saberlo, está al servicio del goce del Otro, una presencia desconocida que lo angustia en sus pesadillas, es lo que hace la demanda de tratamiento. Hay una larga travesía de la cura, ¿le permitirá estabilizarse como sujeto deseante, al tiempo que destituye el goce del Otro, llegar al duelo?. El goce masoquista no es una retórica teórica en la clínica es necesario descubrir quien encarna el fantasma perverso. En Jorge, él mismo, lo más interior y exterior a su persona, el superyó freudiano del masoquismo moral.

El drogadicto no es necesariamente un perverso masoquista, lo es sin serlo, solo lo es en esa escena masoquistas, para luego ser otro, puede actuar, entonces, como masoquista neurótico. El fantasma se sostiene en la demanda de un escenario perverso, el escenario que involucra su curación gozando de su denigración. Cuando ya abandonó el consumo, más aún, terminó el Programa de su Tratamiento, no por eso abandona su goce denigratorio, puede llegar a convertirlo en síntoma en un futuro tratamiento individual. Es posible abrir las puertas al duelo, es lo que a mi entender, hace la marca de cronicidad del drogadependiente

Lo paradójico del masoquismo, ser al mismo tiempo es el amo y el sirviente oculto, a mi entender hace la marca de la cronicidad del drogadicto. El drogadicto puede actuar el fantasma perverso sin ser perverso; pasa a ser otro. Es lo que la clínica psicoanalítica me ha enseñado, en la cura de un paciente fetichista, las perversiones se sostienen en el fantasma masoquista. (2) "La perversión que es, en un momento de su existencia el único modo posible de ser del drogadicto." (20 Pág.257)

De los estadios al incesto.-

Olievenstein para dar cuenta de la subjetividad libidinal del drogadicto, del fundamento pre-adictivo, retoma la innovación temporal del estadio del espejo lacananiano, la instantaneidad del descubrimiento de sí en la imagen especular real-imaginaria, "le permite romper la existencia fusional que mantenía con su madre ( ) se ha escamoteado este costado explosivo, esta fusión separadora con un desarrollo lineal ontogenético"(20 Pág.133) Olievenstein se opone a una concepción psicogenética, el descubrimiento de sí. Es el momento, el instante, del júbilo traumático del descubrimiento del Yo en la alteridad del Yo y su imagen. Es el momento de la caída, la alteridad con la madre. Es la instantaneidad temporal de lo que habrá sido y lo que será siendo el objeto perdido, el que nunca se tuvo.

Psicoanalíticamente entendemos que, a partir de ese momento mítico originario de la caída del Otro materno incestuoso, emerge el sujeto, es el tiempo en que va instaurando la función del fantasma. Pero las vicisitudes de la estructura del fantasma dependen del modo en que la pareja parental irradia su deseo. De un modo especial, la madre, el modo en que su deseo ocupa el lugar del Otro primordial, porque ella debe ser "un cuerpo activo y deseante de donde provienen las excitaciones que estimulan mi propio deseo, el cual carga, a su vez, el fantasma" (17 Pág.51) La clínica del drogadicto nos enseña la frecuencia de la madre transgresora con la cooperación paterna en la instauración de la Ley Primordial.

Es lo que permite construir una clínica del pre-adicto descifrando momentos claves de la infancia del drogadicto, "de niño no falta jamás o apenas el calor maternal ni cariño, es más verdadero del costado maternal que el paternal" (20 Pág.135) Es necesario subrayar lo que Olievenstein enfatiza, que el sistema familiar se mueve en actos amorales delante de su hijo, "no escatiman nada: crisis, suicidios, comas, violencia" (20 Pág.136) Todo ocurre a nivel de los actos sin que la palabra trasmita nada de ellos, lo que la tradición familiar oculta es lo que adquiere poder, lo que impide la trasmisión de la Ley, "existe un secreto no dicho" (20 Pág.135) "Las avenidas de la trasmisión, principalmente las de la Ley, fueron ocupadas por lo imposible de decir. Fuente de una angustia y culpabilidad inconmensurables" (20 Pág.136)

Es la razón por la que el drogadicto "busca revivir-o más exactamente recrear-los instantes privilegiados de su infancia, o realizar las situaciones fantasmáticas de su infancia" (20 Pág.137) Es lo que debe guiar su cura. Es lo que hace la conjetura de la instantaneidad del espejo roto y la desmesura; la identificación del Yo en y entre el reconocimiento de su imagen especular y sus pérdidas. Las aberturas del espejo "no hacen más que reenviar a lo que era el estado anterior: la fusión, la in diferenciación (20 Pág.138) Es lo que hace entrar en escena a la madre como objeto incestuoso.

"Así en parte fusionado, en parte autónomo, en parte psicótico, en parte perverso y en parte normal, el drogadicto potencial va a su destino (20 Pág.139) En partes, es lo que hacen las partes, donde "se constituye este bastardo polimorfo con la identidad en facetas, parcelado, reenviado a todas las patologías" (20 Pág.141)

Olievenstein plantea un gran interrogante: "Antes de seguir más lejos nos es necesario interrogarnos sobre el porqué de esta rotura, y sobre el momento donde ella se produce. La rotura no tiene un sentido único; interviene de entrada y ante todo la madre. Esta ruptura se produce en el sistema madre niño. Sus causas son múltiples. Es en esta cinética relacional que se sitúa -o no se sitúa el padre. No se puede hablar de forclusión del nombre del padre ni del padre mismo. El no interviene más que de una manera negativa, no testimoniando su deseo para nombrar al hijo, sea abdicando su rol paterno para tomar un rol materno en el lugar de la madre." (20 Pág.40/41)

Podemos concluir que, el secreto familiar, que está más allá de lo dicho, se trata de lo imposible de decir del acto incestuoso. Las paradojas de Ley de la prohibición del incesto, lo que el sistema familiar pone en acto en la instantaneidad en la desmesura, alcanzar lo imposible.

Retomo la cita de Lacan: "Lo que encontramos en la ley del incesto se sitúa como tal a nivel de la relación inconsciente con das Ding, la Cosa. El deseo por la madre no podría ser satisfecho pues es el fin, el término, la abolición de todo el mundo de la demanda, que es el que estructura más profundamente el inconsciente del hombre. En la medida en que la función del principio del placer reside en hacer que el hombre busque siempre lo que debe volver a encontrar, pero que no podría alcanzar, allí yace lo esencial, ese resorte, esa relación que se llama la ley de interdicción del incesto" (13 Pág.85)

El estadio de la desmesura.-

"La noción de maníaco-depresivo es por excelencia la enfermedad de la desmesura"(20 Pág.154) En el drogadicto no es sorprendente encontrar momentos de excitación o de depresión. "El high y el down serán los equivalentes reencontrados de esta ciclotimia" (20 Pág.155) Otro modo de desmesura, otro modo de ir Más allá del Principio del Placer. "Una coexistencia del dinamismo arcaico patológico y la normalidad" (19 Pág.42) El querer ir Más allá , lo equipara, "Literalmente, la expresión Más allá del Espejo se le aplica a él, no es raro escuchar describir visiones de Dios o de la locura, una tras-realidad que en casos ordinarios reaccionamos con horror" (19 Pág.58) El querer ir Más allá es la búsqueda imperativa del goce, "el drogadicto relativiza el placer de la sexualidad genital, desdibuja la angustia de muerte" (19 Pág.71)

Lo propio de la búsqueda del goce para el psicoanálisis son los efectos del goce es la trasgresión de la Ley Primordial. Casi siempre encontramos que, algo muy particular ocurrió con la madre en la vida del pre-adicto, para que esté capturado por la desmesura del incesto. El estadio del espejo roto y la desmesura es una metáfora de una particular experiencia traumática incestuosa, experiencia que altera la subjetividad temporal del sujeto. Se trata de la experiencia del goce sexual con la madre, sexual no es relación sexual. No es casual esta cita "La dependencia frente a la madre no es posible de otra manera, porque ella ha participado y participa por las ondas de shock negativas que trasmite entre las roturas y los cuidados. Por lo tanto el futuro drogadicto buscará por todos los medios cambiar esta experiencia super-traumática por otra dependencia" (19 Pág.66)

Olievenstein articula el shock de la rotura del espejo con el shock "en torno a la reacción con la madre. Toda desmesura comienza en este punto" (20 Pág.146) Para ello relata el caso de Tomás de 5 años, su padre de 33 es un viejo drogadicto que no vive más con su madre. "Thomas ha conocido todo, visto todo, incluso los amantes de su madre. Su actividad de juego es frenética. Pero lo que él nos muestra con orgullo es la dimensión enorme de su sexo. Delante nuestro, sin molestia alguna, a los cinco años el se masturbaba innumerables veces, realizaba un simulacro del acto de amor con su pequeña prima, sin que le sea censurado. Ninguna ley está aquí establecida. El nos da a conocer que ocupa un lugar importante en la vida de su madre. No un simple lugar de cuidados, es un lugar fundamental" (20 Pág.146)

El rasgo característico de estos niños, como Tomás, es alucinar lo imaginario en el juego, hay un "apremio" lúdico, el juego va tomando los rituales del sado-masoquismo, hace sufrir a la familia, a provocar miedo. Hay una fascinación por las películas de horror. Poco a poco va naciendo en ellos el sentimiento de "parano", "estoy perseguido", neologismo que usa Olivenstein para cubrir la franja que va de la noción de la enfermedad al que la padece, el que padece la sensibilidad paranoica.

El descubrimiento de su cuerpo como fuente de placer será fundamental, puede obtener placer cuando quiere y como quiere, la masturbación ocupa un lugar desproporcionado, es "la creación de una instantaneidad, en el acmé de la cual anula toda angustia de la no identidad de su ser parcelario, acmé que es una verdadera propedéutica de lo que será más tarde con la droga" (20 Pág.151/52) El pre-adicto cree lograr, con el placer desmesurado de su cuerpo, el sentimiento de ser Uno. Cree hacer desaparecer la angustia, la incertidumbre de la falta de identidad, lo que se apodera de él fuera de la desmesura. Este carácter del placer masturbatorio sería "banal sino se insistiera sobre la dimensión del tiempo vivido, o la instantaneidad, o la cantidad que es exagerada, por no decir frenética" (20 Pág.153) Lo frenético del goce sexual del pre-adicto, es transpuesto a la drogadicción. Cuando fracasa, el pasaje al acto suicida.

El narcisismo y el fantasma.-

Debemos volver al subtítulo "La función del fantasma", allí afirmo que, lo novedoso de la función del fantasma ha sido modificar el imaginario teórico, el prejuicio de la relación sujeto-objeto. Nasio, con su claridad, permite entender que, solo hay relación recíproca del fantasma. "El fantasma es el nombre que le adjudicamos a la soldadura inconsciente del sujeto con la persona del viviente del elegido ( ) el elegido existe por partida doble: por un lado fuera de nosotros, bajo la especie de un individuo viviente en el mundo, y por el otro, en nosotros, bajo la especie de una presencia fantasmatizada-imaginaria, simbólica y real-que regula el flujo imperativo del deseo y estructura el orden inconsciente. De las dos presencias, la viviente y la fantasmatizada, es la segunda la que predomina" (17 Pág.50/51)

El fantasma no es algo que pertenece a la subjetividad de un sujeto, es lo que lo enlaza de los modos más diversos al "objeto elegido". No es posible una cura sin saber cual es el lugar fantasmático que ocupa en la pareja parental o de la pareja elegida, ya que "yo soy la persona viviente en la que se ha construido su fantasma ( ) mi fantasma será un nudo tanto más estrecho cuando yo soy para el otro lo que él es para mí: el elegido fantasmatizado" (17 Pág.52)

El elegido fantasmatizado es un concepto psicoanalítico fundamental, permite diferenciar el objeto del psicoanálisis de la apariencia del objeto empírico. Nasio no se refiere al amor al objeto con un sentido ingenuo, el amor del que nos habla es del amor a un ser híbrido, no solo es lo más exterior sino lo más exterior íntimo. Esta función del fantasma es lo que vacila o falla ya en el pre-adicto, más aún en el drogadicto. El paciente psicótico es el elegido fantasmatizado de una de las figuras parentales, develarlo hace a las posibilidades de su cura.

Olievenstein, en su concepción del narcisismo, se opone a la fijación del narcisismo como una tipología, ya que sostiene que el imaginario propio del narcisismo comporta en sí mismo la falta, siempre hay una abertura de lo imaginario narcisista. Hay, entonces, una articulación en esta conjetura del "estadio del espejo" y el posterior estatuto del "fantasma" en la enseñanza de Lacan, que resignifica el narcisismo.

La creación del Ideal del Yo como estatua narcisista para ser amado, sirve para esconder el fantasma. Si se ha confundido la función del fantasma con el narcisismo, es por que no se ha diferenciado que, el narcisismo, como una envoltura pulida limpia, es la megalomanía, sirve para ocultar y sostener el secreto sexual del fantasma, entramado con el crimen y el incesto; el placer en los límites del goce, el más allá del placer. Es la paradoja del fantasma: el placer más acá y más allá del goce, implica el Bien freudiano en los cimientos de la moral cultura. Los Ideales de la Cultura lo ocultan.

Si la droga actúa como un cimiento inerte del Yo narcisista megalómano, al mismo tiempo devela y altera el acotamiento del goce en el placer, la función del fantasma. Las formas más diversas de la sexualidad perversa se ponen en acto, hacen real en la escena lo imaginario de la fantasía, hacen posible las prácticas perversas, el travestismo. El fantasma que sostiene el límite de la mancha", la falta, la culpa, la droga libera la desmesura pre-adictiva, desnuda pone en acto al elegido fantasmatizado. "La penetración erótica de sí por sí, que es el gesto de la inyección con la jeringa. Este objeto(la droga) ha penetrado verdaderamente en sí mismo"(20 Pág.63)

Partimos de la conjetura especular de Olievenstein a la estructura del fantasma. Propone nuevas conjeturas de la estructura pre-adictiva, "la pasión por la unidad-andrógino", a mi entender un fantasma.

El Ideal y el Rasgo Unario.-

El Ideal Narcisista sostiene lo idéntico a sí mismo, la existencia de lo Uno, el Ideal oculta la función estructural del Rasgo Unario, la marca que introduce en la subjetividad la pura diferencia, la alteridad es lo no idéntico a sí mismo, el sujeto. Esta diferencia es la que nos permite pensar la subjetividad pre-adictiva, la pasión por la unidad, es la negación de la alteridad del Otro. La imposibilidad de ser uno con el otro es lo que hace posible la aparición de los lazos humanos.

La enseñanza de Lacan, desde el estadio del espejo, se funda en la alteridad del otro, yo mismo. A mi entender, la rotura del espejo y la desmesura, es la negación-expulsión, en el pre-adicto, de la alteridad irreductible del Otro. Acto que erige un yo megalómano, hace imposible los lazos sociales con el Otro, el semejante, el Otro de la Ley. Es lo que un Programa Comunitario debe instaurar como su legitimidad terapéutica, la legalidad para producir la alteridad en la subjetividad del drogadicto. Estos conceptos psicoanalíticos hacen posible pensar la clínica del drogadicto.

No es un artificio de lenguaje sostener que, el funcionamiento de las normas en un Programa, hace a la función del Rasgo Unario, produciendo la alteridad de los lazos sociales. Identifica al sujeto en la pura diferencia consigo mismo. Estructuralmente equiparo el Rasgo Unario con la función de las normas. El sujeto es el fundamento en la estructura, no el Yo narcisista megalómano, lo unificante, da contenido, consistencia imaginaria al Ideal de totalidad. Introduce la unidad, borra las diferencias. Propone la desmesura que se desliza a la megalomanía. Exige la censura del deseo.

El sujeto, el fantasma y el incesto.-

El sujeto adviene como producto del acto de la forclusión del goce del Otro del incesto, se funda como "a", el tiempo lógico anterior a la división del sujeto. La expulsión del goce incestuoso produce la paradoja del sujeto, el resto irreductible, el "a", la marca perdida del incesto; lo más interior y ajeno al sujeto. Es lo que Lacan sostiene en el Seminario "La lógica del fantasma" (8) Lo que se sustrae en el origen es lo que se repite, el crimen primordial en la mancha incestuosa.

Es un nuevo modo de pensar la sexualidad freudiana. El a del sujeto es lo que precede y hace posible el tiempo de la identificación del sujeto al nombre pronunciable, el que lo nombra y con el que se nombra. Donde se produce la conquista del sujeto como significación. El cuerpo propio se sustenta en la imagen del espejo, pero la imagen del espejo se sustenta en el nombre propio, sin olvidar la función del fantasma. El pre-adicto devela las fallas en la producción del sujeto.

El "a", resto de la forclusión del incesto, no es especularizable, como tal introduce una modificación en el campo especular escópico. En el espacio especular "el punto ciego" guía la visión. Hay un quiasma, intersección, entre el fantasma y el narcisismo. El fantasma destituye la primacía de los espejos narcisistas "sin manchas" en el campo escópico; reordena la teoría del narcisismo. El a, está en el fantasma, es el velo que devela el incesto en la imagen especular. Esto me permite una relectura de la conjetura del estadio de la rotura y desmesura de Olievenstein.

El fantasma hace la estructura y función del falo, el falo es la función límite al incesto, pero hay un momento del fantasma que no garantiza, vacilará; su condición es paradójica. Partimos que en todo sujeto hay siempre un punto tanto de aproximación como de alejamiento del fantasma al incesto, el encuentro-fallido hace posible el acto sexual. Por ello el fantasma es un límite al momento traumático. ¿Que ocurre cuando esta vacilación se produce? El fantasma neurótico vacila, hay un rozamiento con lo incestuoso, hay vergüenza, hay culpa por lo sexual, sin saberlo. Es el momento demoníaco del orgasmo. Cuando se traspasa el límite, cuando el acto sexual se desliga del límite del fantasma en el orgasmo, es el goce pasional. El goce se desengancha del deseo, lo pasional es puro éxtasis; hay un deslizamiento al delirio, al sufrimiento masoquista. "El Imperio de los sentidos", la película japonesa, lo pone en escena.

Pedro, un adolescente de 17 años, esquizofrénico, padece de delirios alucinatorios. Comienza el consumo con distintas drogas desde los 13 años, tiempo después cocaína. A los dos años fue violado por el hermano del padre, ocurrió cuando este lo rapta y lo lleva con él, al separarse de la madre. La es drogadicta como su nueva pareja. Con este empieza su largo peregrinaje de maltratos, violencias y violaciones, su padrastro lo viola a Pedro a los 6 años, lo flagela, le hace presenciar los momentos que se inyecta cocaína. Pedro es el objeto fantasmático elegido de su madre, actúa como sino lo supiera, realiza en Pedro su fantasma perverso masoquista. En un comienzo en la Comunidad, solo escucha lo que sus voces le dicen. Poco a poco comienza a integrarse a los grupos, coincide con su demanda de ser escuchado. En entrevistas individuales relata que, "de chico me enamoré de mi vieja, fue porque yo la vi y la escuchaba gritar cuando cogía con el tipo que me cargaba a trompadas. No podía dormir, ella me hacía dormir al lado de su cama separado por una cortina trasparente. Vi una mujer que se me apareció y yo me la quería coger, la llamé a mi mamá para que la viera, no me dio pelota. Los gritos de mi vieja me volvían loco, agarré un pingüino que lo usaba como muñeco inflable para masturbarme". El mismo pide nuevas entrevistas, cometa que no le presta tanta atención a las voces, que escucha más a sus compañeros. "Quiero que escuche los versos que escribo, toco la guitarra y quiero tener mi conjunto de rock. Me inspiro en mi voz interior, que es mi pensamiento".

Hay mucho por decir del relato de su trágica historia. Pero es la escucha de sus vivencias traumáticas, en las transferencias múltiples que Pedro fue estableciendo, que puede pasar de las "voces" al "pensamiento interior", a insertarse en la Comunidad como un nuevo lugar en el mundo. Volviendo a la cita inicial, En Pedro no se ha producido en su subjetividad, como el a, como resto de la forclusión del goce incestuoso. El encarna, en las voces en su cuerpo, el goce incestuoso, no hay función del fantasma. Nos conduce a Lacan como a Leclaire, pero también a lo antedicho de la función de suplencia en el caso del paciente Ricardo.

Serge Leclaire, el incesto infantil.

Leclaire se interroga sobre el incesto, un término que va más allá del psicoanálisis, ¿qué quiere decir "gozar sexualmente de la madre?." "El incesto entendido como el goce sexual de la madre es tan válido para el niño como para la niña. Afirmación chocante, sin embargo es lo que corresponde a un enfoque psicoanalítico de la cuestión del incesto" (14 Pág.58) Leclaire sostiene, con toda razón, que el incesto consumado del púber, de ahí en adelante, lo más frecuente, la hija con el padre, solo tiene sentido médico-legal. No por ello deja de ser un síntoma grave o psicótico. Pero el verdadero incesto en sentido psicoanalítico, "gozar sexualmente de la madre-nos transportaría a una edad, como se dice, pre-edípica, a una edad que va del nacimiento a los cuatro o cinco años(...) una mujercita como el varón no cuenta con los medios para llevar a cabo la posesión de la madre, por lo que el incesto no se realizaría nunca" (14 Pág.59)

El incesto pre-edípico es el verdadero incesto psicoanalítico, como tal imposible, pero se manifiesta en la variada patología adolescente o adulta. La función de la madre en el triángulo edípico "tiene que ser concebida como función límite. El límite no es un objeto. Si se toma a la madre como objeto se desvanece como límite. La relación incestuosa es la anulación o el escamoteo de la función límite (14 Pág.64) " Así como el placer es un eclipse moderado momentáneo del límite. El goce sexual de la madre es el modelo mismo del goce" (14 Pág.65) Más aún con su pregunta: "¿Cuáles son estos límites en un sujeto que ha tenido esta experiencia incestuosa y que en su edad pre-edípica quedó marcado con algo relacionado al goce? Se puede decir que está atrapado allí y que ya no podrá salir, o que le costará mucho trabajo hacerlo.(14 Pág.65)

"Todos estos sujetos, a la vez, buscan el límite, tratan de reconstruirlo y al mismo tiempo, por su puesto, de transgredirlo." (14 Pág.65-66) Lo que Leclaire fundamenta es crucial para nuestra relectura de lo pre-adictivo, lo singular de la clínica de la drogadependencia. Los casos que relata Leclaire hay un factor en común, el contacto con la madre se realiza por distintas vías, la mirada los cariños el colecho, etc. En el caso que llama Cleo, una mujer que recuerda el vínculo incestuoso de niña con la madre, se encargaba de un modo perseverante de practicarle enemas, hasta vaciar su intestino. Todas estas formas producen una sostenida excitación genital, la marca indeleble del incesto infantil.

No en vano Olievenstein sostiene: "el cemento-por ejemplo de la heroína-su atmósfera arcaica, pre-genital, se comprende que del símbolo a la realidad, el drogadicto cree haber encontrado el paraíso, es decir la Unidad (20 Pág.194) La instantaneidad del paraíso de la unidad incestuosa.

Es lo que podemos aportar desde nuestra experiencia, sin entrar a detallarlos, los numerosos casos de pacientes drogadictos que relatan las formas más variadas, como sucesos vividos, de un vínculo incestuoso infantil con la madre. En muchos de ellos, colecho hasta la adolescencia con excitación genital. En uno de ellos quedó la enuresis hasta sus 28 años, sin saberlo, como el síntoma del colecho. Un paciente de la misma edad pesa, ya como situación traumática la relación sexual inducida por su madre en su pubertad coincidente con la muerte del padre, el incesto médico-legal. Un adolescente, antes de consumir drogas experimentaba una fuerte atracción sexual por su madre, luego del consumo de cocaína, durmiendo la siesta con ella se despertó asombrado ante la eyaculación que tenía. Un drogadicto con un delirio paranoico relató, sin implicarse, que su madre le practicaba el felacio de adolescente. Quedan en suspenso las frecuentes fantasías más o menos encubiertas. Encontramos en ellos la afirmación de Olievenstein: "Los drogadictos son expertos en el arte de manifestarse por síntomas tanto neuróticos, perversos, psicóticos, psico-somáticos, que son utilizadas para tapar la abertura dejada por la rotura." (20 Pág.97) La rotura, el incesto infantil.

La pasión por el Andrógino.--

Olievenstein utiliza el mito del Andrógino como la pasión del drogadicto por ser el Uno de los sexos. Es una forma de salida del sufrimiento de la falla primordial como sujeto desde niño. La conjetura del estadio espejo roto y la desmesura implica, a mi entender, una falla en los tiempos de identificación del sujeto, falla del sujeto inseparable de la función del fantasma. La búsqueda de unidad narcisista en la instantaneidad del Andrógino, es lo que anula toda alteridad de los sexos, es una suplencia a falla primordial en la estructura de la castración. ¿Por qué la alteridad es un sufrimiento? Porque el Yo Narcisita no se identifica en la diferencia con el otro, ni con el otro sí mismo, ni en la alteridad de los sexos, la oposición masculino- femenino. La alteridad es el sufrimiento del drogadicto, quiere hacerla desaparecer, recurre al Andrógino, al travesti. El drogadicto debe ser " una co-presencia bisexual" (20 Pág.214)

En la alteridad de los sexos no hay uno sin el otro sexo, el drogadicto debe ser Uno, uno y el otro sexo. La desmentida de la castración prepara el terreno para otras transgresiones sexuales del drogadicto, es para cerrar la brecha de su identidad.

Lo real-imaginario del fantasma del Andrógino solo se produce por la incorporación de la droga, "el drogadicto encontrará en su planeta la posibilidad que entreabra el paso del andrógino en una ilusoria mirada de amalgama de los contrarios y en una suspensión del tiempo vivido" (20 Pág.223) Quedará la marca, el "deyá vue" de una trasgresión aparentemente lograda. Pero con cada repetición del Andrógino está la decepción, la caída en el sufrimiento es mayor, en cada repetición se duplica la falta. "La decepción será más importante cuando el deseo y la alucinación hubieran sido mas fuerte" (20 Pág.225) Pero no le será posible vivir sin la instantaneidad de la pasión Andrógina, la que le proporciona la droga. De niño se había iniciado a travestirse, se iniciaba así en la fantasía un ser mixto y no un homosexual. Es lo que corroboro en mi práctica, la búsqueda del travesti y su decepción.

"La observación permite poner en evidencia este carácter constante, reencontrado en todos los verdaderos drogadictos: a saber un elemento escondido, virtualmente femenino en cada ser masculino, y en cada ser femenino, un elemento escondido, virtual masculino. El andrógino potencial, fuga, apariencia, y también apasionada búsqueda, deviene en una clave para la comprensión de esta singularidad en acción que es el drogadicto" (20 Pág.48) La dependencia del drogadicto es en la imposibilidad de ser "la unidad sexual en sí mismo", como salida de la situación traumática, pone en acto otros fantasmas perversos, el más común, el travesti, o bien pasar a la violencia o en la caída melancólica. El fundamento perverso, el predominio del fantasma perverso masoquista.

"Pero la manera de ser travesti marca para nuestros sujetos sus límites. A diferencia de los verdaderos transexuales que reivindican dolorosamente una identidad que ellos no tienen, el travesti actúa tratando de imitar al otro sexo pero al mismo tiempo sin abdicar al suyo." (20 Pág.228) Para el drogadicto, el travesti, es una manera poco convincente de ilusionar lo alucinado, los caracteres sexuales secundarios hacen de obstáculo y marcan la incompletud de tener solo un sexo.

Olievenstein plantea una paradoja en la pasión del Andrógino: "La penetración de un hombre por otro hombre puede pasar aquí, en su instantaneidad, por el deseo monstruoso del drogadicto, hacer un niño a su madre, que sería él mismo, inmortal y jamás nacido."(20 Pág.229) Hay drogadictos que testimonian que, el goce sexual de ser penetrado por un travesti, es mayor que el goce con una mujer. Es el deseo del Andrógino es tanto el Uno. La unidad de los sexos, el deseo realizado del incesto. Es el parentesco con "Las Memorias de Schreber", los delirios alucinatorios bisexuales de escritor Schreber llevados a la letra. (1) Por algo Olievenstein contrasta el fantasma del Andrógino con el delirio estabilizado de Schreber.

Sostiene Olievenstein que, la homosexualidad, es impotente para tapar la rotura, "ya que la droga no es como un partenaire sexual una suerte de espejo. La droga, justamente, ella si permite la fusión e inmiscuirse, no hace más que colmar y no se remonta a los orígenes de la abertura, mientras que el Andrógino se relaciona a lo más cercano del deseo de reintegración-creación del incesto monstruoso." (20 Pág.230) A mi entender el incesto y el crimen son lo que hace al goce del Andrógino, "busca restablecer un lazo (tan ambivalente) con la madre (20 Pág.234) Olievenstein remite la pasión del Andrógino a los sucesos traumáticos de la infancia.

El Uno lacaniano.-

"Nosotros reencontramos en el pensamiento analítico, incluso en todas partes, todo lo que el término significante de la madre entraña con el pensamiento de la fusión, la falsificación de la unidad es lo que de ella nos interesa. A saber: el pasaje de la unidad contable a la unidad unificante, nosotros le damos el valor de 1. La madre como sujeto, es el pensamiento del Uno de la pareja. Ellos dos serán una sola carne, es el pensamiento de Otro maternal" (12 Pág.150) La unidad de la cupla es la repetición de lo que viene de lo real, "Yo vengo de definirla a nivel de esta cupla real" (12 Pág.151)

Para Lacan tiene el peso de lo real del incesto, por ello es necesario que se interponga una función tercera, la función fálica sostenida por el fantasma. "Si la sombra de la Unidad planea sobre la pareja sexuada, aparece necesaria la marca de algo que debe representar una falla fundamental. Esto se llama la función de la castración" (12 Pág.151). Es a partir de la función fálica que Lacan encuentra las vías de la sublimación. No es necesario decir que, con su lenguaje, Lacan retoma el fundamento freudiano del incesto en la sexualidad humana.

Estos conceptos fundamentales hacen posible pensar la particular subjetividad del drogadicto, su pasión por las múltiples formas de ser Uno en el Andrógino, la desmentida de la castración.

La ética del proyecto terapéutico.-

El proyecto terapéutico debe fundarse en una ética, la legalidad de un Programa que respete la compleja singularidad del sufrimiento del sujeto drogadicto. Debe ir marcando, creando y produciendo, en la interacción terapéutica, la producción de otro sujeto, el dolor del sujeto desintoxicado. El proceso terapéutico no solo va sustituyendo la droga, el poder que ejerce el objeto fantasmático elegido en la drogadependencia. Lo debe ir ocupando la relación terapéutica, el pasaje del sufrimiento masoquista al dolor del duelo.

El lugar de la drogadependencia debe ser sustituido por una dependencia más fuerte, la Comunidad Terapéutica, desde ella, una pasaje a otra inserción social de la que lo trajo. Por persona del terapeuta, entiendo, la función terapéutica en la persona del terapeuta, soporte necesario para instaurar en el drogadicto la legalidad de la estructura Comunitaria, estabilizar la función del fantasma, soporte de los lazos sociales.

La vacilación permanente en el drogadicto del fantasma, lo lleva a la desmesura en el camino de su cura en las fases Terapéuticas del Programa. La relación con el nuevo objeto amado-elegido, el terapeuta, símbolo Comunitario, "está rigurosamente determinado por el fantasma" (17 Pág.50) La presencia del objeto exterior, "la persona viviente del elegido, en efecto, me resulta indispensable como un pedestal dotado de vida propia, en el que se basa y se expande el objeto fantasmatizado" (17 Pág.50)

Son las condiciones de su sufrimiento, sin saber lo traumático del sufrimiento vivido en el medio familiar-social. El goce del sufrimiento es lo que lo conducen al drogadicto a la consulta, "el no viene jamás por la drogadicción ni por la dependencia" (20 Pág.89) No se trata del deseo, el que sostiene la demanda, tal como hace posible la cura psicoanalítica. por ello que la terapia difiere de un psicoanálisis. No por ello sin pensarlo psicoanalíticamente.

Al estar en juego su identidad de drogadicto, hay pluralidad y alternancia del goce y el deseo. Es lo que hace la singularidad de su cura, el despliegue de su identidad en la pluralización de sus identidades, su coexistencia en cada momento terapéutico, es sin serlo un perverso, un psicótico, un neurótico. Por ello es necesaria una relación diferente, las transferencias múltiples, comunitaria, grupal, individual. Donde se pone en juego el sentido y el sin-sentido de la estructura subjetiva del adicto, su desmesura, sus mutaciones en la lógica de su temporalidad.

Cómo se presentan los cambios: "Lo que va a ser manifiesto es, en primer lugar, la construcción del tiempo y el espacio en el drogadicto, el que, justamente allí, no vivía más que la temible instantaneidad del tiempo vivido: esta aparición y aceptación del tiempo es el primer signo importante de un cambio en tren de producirse. El tiempo común deviene en la medida de todas las cosas; el sujeto puede comenzar a investirlo libidinal y estructuralmente ( ) puede hacer el amor con amor y no más como la sola instauración de la Unidad en el goce, la anulación de la sexualidad arcaica en una relación de pareja progresivamente des-genitalizada" (20 Pág.112)

La propuesta de la cura del drogadicto de Olieventein es, hacer posible que advenga en los tiempos del sufrimiento del sujeto desintoxicado. La primera etapa es la sustitución de la droga por la dependencia terapéutica, y luego un período de "democracia psíquica", etapa donde los cambios son lentos en solidificarse, la repetición y lo revertido se alternan, nada es estable, si bien perdura la tendencia a la droga, a la relación perversa del drogadicto, aparece algo nuevo: "La cosa es clara: es de la falta de la dependencia de la cual sufre el sujeto desintoxicado" (20 Pág.256)

Va pareciendo poco a poco un nuevo espacio del pensamiento, el que está fuera y dentro del espacio de la terapia. Se distingue, y esta es mi experiencia, del pensamiento impuesto, antes no advertido, este será desplazado, paulatinamente, por un pensar auténtico, un pensamiento propio. Solo se logra tratando al incursionar en los dominios de lo indecible, no en la búsqueda de una significación causal. Es el modo de ir reemplazando el código secreto familiar o materno, por un espacio que hace posible el dominio de la legalidad del Programa.

¿Cómo aparece esta nueva forma de pensar? Cuando su pensar "se trata del dominio de la opinión, la que , lo que escapa a la razón y al método ( ) es en la opinión sobre la cual trabaja el terapeuta, es aquí y más allá de la terapia, en el sistema y fuera del sistema (20 Pág.256) Con la opinión, Olievenstein se refiere a las distintas maneras de pensar, a los diferentes puntos de vista sobre su nuevo estatuto de un sujeto, el que piensa en el sufrimiento en la abstinencia, sobre los fracasos, las recaídas, como acting-out, efectos de la pérdida progresiva del sufrimiento en la dependencia a la droga, para pasar a otro modo de sufrimiento, "el sufrimiento sujeto desintoxicado".

A mi entender, la Opinión debe ser aquella que lo lleva a ir más allá de la estructura de la drogadependencia, la Opinión verdadera, es la que se dirige a las formas de vida familiar, sostenidas en el sistema socio-económicas, lo que fue eligiendo, lo que lo llevó a la drogadependencia.

Sostiene Olievenstein en su libro de 1983, que todas las Comunidades Terapéuticas son "Comportamentalistas". Son Instituciones de distinta especie que dicen luchar contra la drogadependencia, pero es readaptando al individuo a las normas sociales vigentes de su época. Lo fundamental es que detrás de las normas está el poder, la exaltación de un jefe que dirige un sistema de "castigos-recompensas" para crear un paciente a la imagen del terapeuta, "utilizando concepciones dinámicas como distintivo, para crear una relación pervertida de dependencia" (20 Pág.94)

Han pasado muchos años, muchas Comunidades Terapéuticas ya no son las mismas que antes, más aún el "Programa Andrés" al que pertenezco como Director Médico. Lo importante de las enseñanzas de Olievenstein ya forman parte de su modo de funcionamiento, otras están latentes como fundamentos teóricos posibles de su practica. Las reglas de convivencia Comunitaria son explícitas y funcionan, no como medios del premio o castigo, sino de restaurar o instalar él la dimensión témporo-espacial que, regida por valores fundamentales, hacen posible los lazos sociales. Es allí donde el drogadicto puede involucrase más y más en su palabra, de este manera irá modificando su subjetividad. Es algo muy diferente a lo que él denuncia, las organizaciones carismáticas manejadas por un líder que impone un a adaptación masoquista.

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16.-Materazzi Miguel Angel.- Salud Mental. Una Propuesta de Prevención Permanente. Edit. Piados.-
17.-Nasio Juan David.- El libro del dolor y del amor. Gedisa Editorial.-
18.-Olievenstein Claude.- El Yo Paranoico. De la Sospecha al Delirio. Editorial Piados.-
19.-Olievenstein Claude.- Destin du toxicomane. 1983 Fayard. Paris.-
20.-Olievenstein Claude.- La drogue ou la vie. 1983. Edit. Robert Laffont. Paris.-
21.-Olievenstein Claude.- Institución y Perversión.-www.acheronta.com
22.-Ritvo Juan.- La lógica del Fantasma. Grupo de Estudios



Revista de Psicoanálisis y Cultura
Número 10 - Diciembre 1999

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